lunes, 28 de noviembre de 2011

Mariachi Rock-o: una expresión posmoderna de lo mexicano


Lo estético en la posmodernidad

Desde inicios del siglo XX, la gran característica del arte fue la provocación y el rechazo. Así sucedió con los impresionistas y fauvistas en el ocaso del París de la Bella Época; ni qué decir de las encontradísimas reacciones al orinal o la silla con rueda de bicicleta de Marcel Duchamp en Nueva York; y en el ocaso del siglo XX, aquella caja de zapatos de Gabriel Orozco en la Bienal de Venecia. Entre el rechazo y la admiración, los artistas visuales de esta era fueron acuñando el término de “anti-arte”, que en palabras del propio Marcel Duchamp “se basaba en una reacción de indiferencia visual, con la total ausencia de buen o mal gusto (...) de hecho una completa anestesia” (www.ciber-arte.com).

 Esta noción de antiarte termina por trastocar y dislocar totalmente la noción tradicional y clásica de estética –altamente asociada a la noción de belleza–, y lentamente comenzó a trasladarse hacia otras artes, como lo fue también la música. En la propia época del dadaísmo de Duchamp, del automatismo puro en la creación artística, surge el beebop, estilo de jazz lleno de improvisación que igualmente generó reacciones encontradas en torno a ello. El puntal de las músicas controvertidas del siglo XX cruzados por esta noción de antiarte fue el rock. Desde Elvis Presley, pasando por los Beatles, hasta llegar al movimiento grunge de Seattle en los años noventa. Baste mencionar como ejemplo la relación amorosa del músico John Lennon con la artista plástica Yoko Ono, la cual cambió la música del primero hacia formatos que resultaron llenos de improvisación y desapego a las reglas de la música, particularmente, armonía, melodía y composición.

Lo que comenzó en la estética de las academias parisinas influenció poco a poco a toda la sociedad y se convirtió en un fenómeno digno de atención académica. Los llamados filósofos posmodernos de origen francés, dieron cuenta de estos cambios que implicaban alterar los principios fundamentales de la modernidad racional de la Ilustración: se cancela cualquier utopía de progreso, el desencanto ocupa su lugar; se enfatiza la satisfacción personal por la social, pasando ampliamente por el consumo; el racionalismo pierde autoridad a manos de otras fuentes de conocimiento como la espiritualidad y el esoterismo; el lenguaje, en manos de los medios de comunicación, alcanza dimensiones insospechadas, pero al mismo tiempo, la sobreinformación genera desinformación, estimulando el individualismo pragmático.

Para efectos de este trabajo, recuperaremos algunas de las ideas más importantes de tres importantes representantes de esta corriente posmoderna del pensamiento –también reconocidos como post estructuralistas, por la gran influencia que ejercen en ellos pensadores como Althusser, Foucault o Derrida–. Nos interesan las ideas sobre estética de Jean Baudrillard, las ideas sobre el personalismo estético en Gilles Lipovetsky, y la noción de rizoma en los textos, expuesta por Gilles Deleuze y Felix Guattari.

En primer lugar, tomaremos a Baudrillard, quien incluso hace de la propia noción de antiarte objeto de su análisis. Para él, el arte ha perdido su capacidad de representación, quedándonos solo “del arte la propia idea del arte” (Baudrillard, 2006: p. 39). El arte es complotista y busca ser un agente más de la falta de contrastes en el mundo posmoderno. El arte contemporáneo es una simulación, es una transestética que sólo transmite “obscenidad de la visibilidad, de la transparencia inexorable de todas las cosas” (Baudrillard, 1997: p. 53). Su paradigma es, entonces, comunicar el sinsentido, es un objeto que se desobjetualiza y se vuelve cómplice de la máscara que disimula el desencanto del mundo.


Las ideas de Baudrillard bien pueden reforzarse con las ideas de Gilles Lipovetsky sobre las nuevas formas de individualización y personalización en la posmodernidad. Particularmente para este trabajo, nos interesa su idea sobre la estetización del individuo, a partir del resurgimiento de dos mitos: Eros, el amor seductor; y Narciso, el amor a sí mismo. Ambas nociones son ampliamente necesarias para la concepción del individuo posmoderno, que se construye a sí mismo a partir de amor propio y amor seductor. Esta construcción erótico-narcisista es palpable a partir del fenómeno de la moda, asunto altamente efímero y frívolo, pero indispensable para la vida en la era posmoderna (Lipovetsky, 2007). Sin embargo, el autor se mantiene optimista al respecto; concede que la época también contiene una nueva idea de la ética, donde hay una consideración por la otredad para la propia subsistencia. Esta noción ética lipovetskiana está fuertemente relacionada con la del “consumo ético” plantada por Zizek, donde el individuo, altamente consumista, prefiere consumir aquello que se diga benéfico para el planeta o algún grupo desfavorecido en el mundo (Zizek, 2010).

Por último, y en complemento a lo anterior, queremos rescatar la idea de “Rizoma” de Deleuze y Guattari. En la introducción a Mil Mesetas (Deleuze, 2000), los autores plantean que el libro, herramienta fundamental para la fundación de la Modernidad, fue concebido como una raíz, donde el conocimiento parte de un origen común y se va subdividiendo y estableciendo en taxonomías perfectamente ordenadas para organizar las ideas. Esta noción se altera en la Posmodernidad. El libro no tiene más una lógica arbórea, sino el de un rizoma (como los filamentos entrelazados del tubérculo, o las complejas redes de interconexión que presentan los túneles de los topos o los perritos de la pradera). En esta nueva concepción de la escritura y del conocimiento, Deleuze y Guattari piden “escribir a n-1” (Delueze, 2000: p. 12); esto es, siempre antecediendo a la multiplicidad de interconexiones que se derivan de la primer noción. De alguna manera, los autores están anticipando la era del hipervínculo –es un texto de la década de los ochenta–, donde el texto deja de ser raíz y se vuelve este rizoma de interrelaciones infinitas, donde todo tiene que ver con todo y nada es absoluto.

Es bajo estos preceptos que podemos comprender la Posmodernidad, donde impera el arte no objetual y transgresor hasta de sí mismo; cómplice de la superestetización del individuo y de la desestetización del arte mismo; de una concepción atómica de un sujeto consumista, pero ético; que se adentra en el texto con una lógica de interconexión que supera cualquier intento de jerarquización de la información. Bajo estos parámetros, la música también altera sus propios formatos, pues su apropiación, consumo y distribución se modifica sustancialmente.

Las nuevas relaciones de lo local y lo global
El afamado periodista y corresponsal del New York Times, Thomas L. Firedman, plantea en un muy interesante libro una de las grandes dicotomías de la posmodernidad. En el propio título de la obra en inglés (The Lexus and The Olive Tree; Friedman, 1999) se puede percibir esta gran contradicción. La posmodernidad es, por un lado, productora de los acercamientos entre los distantes; es causa y efecto de las grandes tecnologías totalizadoras como la computadora, los teléfonos móviles y el Internet; pero, por otro lado, ha traído consigo un mayor aprecio a lo culturalmente propio, a la preservación del grupo social original y de los valores y objetos que le pertenecen. Es así como el Lexus, el auto hipermoderno del Japón, se confronta al árbol de olivo, altamente representativo de la estirpe judía.

Esta es la gran confrontación de la llamada “globalización cultural”, o como lo expresaría Ulrich Beck, la “glocalización”, donde lo local y lo global se unen, pero se rechazan al mismo tiempo (Beck, 2004). En nuestros países latinoamericanos, esta se expresa con claridad en la noción de culturas híbridas de García Canclini, donde lo culto, lo popular y lo masivo conviven cotidianamente para reconformar nuestras culturas posmodernas. Es un constante McDonald’s contra Macondo (García Canclini, 2002), que termina por generar una profunda “fragmentación de identidades”, como lo dice Comas D’Argemir. Entre más se trata de homogeneizar el mundo a través de productos culturales cargados con la etiqueta de lo global, los individuos buscan más los referentes locales para reafirmarse, pero estos terminan por estar impregnados también de los efectos globales. Por más que se busque preservar por preservar, se termina por hacer reestructuración de lo local ante lo global para hacerlo sobrevivir (Comas D’Argemir, 2002: p.100)

Todos estos complejos y entramados sistemas de conexión entre global y local, de hibridaciones y fragmentaciones, terminan por modificar el sistema cultural. Comas D’Argemir habla de los productos culturales étnicos como “alternativos” a los del sistema mundial. En una investigación previa, ya nosotros habíamos trabajado con la noción de culturas alternativas, cuya origen gramsciano nos sitúa en un contexto de hegemonía contra alternatividad. Sin embargo, el concepto es ahora más permeable, se vuelve un capital cultural de reserva que “ha sido excluido de la cultura hegemónica, pero mantiene un sistema de entradas y salidas no reguladas que la mantienen en relación con el centro cultural” (Cerrillo, 2007: p. 146).

La posmodernidad y la glocalización en el mercado de la música
Todas las nociones teóricas que hemos revisado hasta ahora no se hicieron palpables en el entorno de la música sino hasta el advenimiento en los años noventa del fenómeno Napster. Recordemos que esto se trató del primer sistema de descargas masivas e ilegales de música por Internet bajo el sistema peer-to-peer, con lo que se vino a la baja la tendencia ganadora que por décadas había mantenido la industria discográfica y que le permitía manejar todo el entorno de la música, pues el éxito comercial de los artistas dependía totalmente del disco:


Fuente: Ehrlich, Brena (2011)

Pese a los intentos de la industria discográfica por contrarrestar los efectos del sistema de descargas iniciado por este sitio digital, este cambio llegó para quedarse. No obstante las demandas encabezadas por algunos artistas como Metallica, ni el lanzamiento de sus propios portales de descargas y la virtual desarticulación de Napster, los sitios de descarga proliferaron y los medios de intercambio no comercial se multiplicaron. El disco dejó de ser el medio de distribución y consumo ideal para el mercado de la música y dio paso a nuevas formas de gestión de la música. La proliferación de software de audio para computadoras caseras y la llegada de sitios de distribución personal de música, como MySpace, habían dado lugar a un sistema de autoproducción y autodistribución de la música, abriendo la línea de consumo hacia ámbitos donde la remuneración económica pasaba a segundo término. El rizoma había llegado al mercado de la música y el sistema arbóreo que representaban las compañías disqueras estaba herido de muerte.

Así como el total del mercado de la música se alteró ante la presencia de los formatos digitales, también vimos suceder cambios en la valoración y comercialización de las músicas folclóricas. Estos cambios se anunciaron con mucha anticipación, cuando algunos artistas del ámbito del rock y la música moderna habían introducido a su trabajo instrumentaciones o estructuras musicales “exóticas”, como las cítaras indias con artistas como los Beatles o los Rolling Stones, el gran auge del latin jazz en la segunda mitad del siglo XX y el paulatino reconocimiento de artistas de países asiáticos (Ravi Shankar, Fairuz), africanos (Cesária Évora, Miriam Makeba) o latinoamericanos (Tito Puente, Celia Cruz) en el mercado internacional de la música.

Ya en los años ochenta, este “descubrimiento” de las músicas locales ya tenía el apelativo de Worldbeat, ritmos del mundo. Artistas como Peter Gabriel no sólo incorporaron músicos de otras latitudes a su equipo (Manu Katché), sino a colaborar directamente en el festival WOMAD (World of Music, Arts and Dance) y crear la compañía disquera Real World en 1989, cuyo interés se centra en las músicas étnicas del mundo.

El mejor ejemplo del desarrollo del WorldBeat y la World Music está, sin lugar a dudas, en la compañía disquera Putumayo. Creada a inicios de los noventa, desde su propia concepción, se trató de un proyecto dirigido a retomar las músicas del mundo y llevarlas al mercado internacional, en un formato más contemporáneo y atractivo al consumidor. La innovación comercial que representa Putumayo lo ha llevado al punto de diversificar sus puntos de venta, como el hecho de contar con un exhibidor en las cafeterías Starbuck’s, lo cual en términos descritos por Kasabian se convierte en un “turismo distribuido”, donde se inserta a la música en el proceso de sobreinformación y su consecuente desinformación que conforma al individuo posmoderno (Kasabian, 2004).

De igual manera, el acercamiento de Putumayo con Starbuck’s tiene su componente ético. La empresa cafetera se promueve como gestora del comercio justo, pues dice comprar el grano de café a productores pequeños sin beneficiar a los distribuidores intermediarios que suelen quedarse con las mayores ganancias. El propio Zizek califica el acto de consumir en Starbuck’s como una “limpia del karma cultural” (Zizek, 2010). En este mismo sentido se justifica la presencia de Putumayo en sus tiendas, pues comprar sus discos es como apoyar a los pequeños productores de música del mundo sin recurrir a los voraces distribuidores intermediarios.

La sociedad entre Starbuck’s y Putumayo no es solamente comercial, sino ideológica.  Como lo indican Zuik y Martínez, “la introducción de las músicas étnicas en el mercado no es ingenua. Su ingreso supone pasar a formar parte de la World Music como producto globalizado, perdiendo idiosincrasias y marcas identitarias” (Zuik, s/f, p. 3). El paso de las músicas folclóricas por los filtros occidentalizadores que representan las disqueras como Real World o Putumayo. La música que emana de la world music es una suerte de “folklore light”, se le quitan ciertos condimentos para evitar indigestiones al consumidor. En este mismo sentido, Martí afirma que “el concepto de world music sirve para cantar la diversidad, pero al mismo tiempo para encuadrar esta diversidad dentro de unas estructuras de jerarquía social” (Barañano, 2003: p.4).

Sin embargo, no podemos dejar de lado lo que también representa el advenimiento de esta World Music, que es la oportunidad de insertar lo local en lo global, de llevar al mundo un fragmento de los ritmos, instrumentaciones y composiciones del entorno inmediato para orgullosamente mostrarlo al resto del mundo. En las palabras de Francisco Cruces, con la World Music “por fin se ha construido lo que la etnomusicología soñó: un oyente omnisciente, panóptico, que tiene todas las músicas del mundo disponibles a su alcance” (Barañano, 2003: p. 10). El hecho de insertar el arte y la música en un sistema rizomático de información se asume también como una ventana de oportunidad, como la opción para lograr difusiones de trabajos que antes se restringían por su ubicación espacial. En esta lógica se inserta el trabajo de Mariachi Rock-o.

Mariachi rock-o: el proyecto

Antes que nada, debo confesar que conocí Mariachi Rock-o en una tarde de divagación en la Internet, en el gran libro rizomático de Deleuze. En esencia, el proyecto consiste en retomar canciones exitosas en el entorno del rock y arreglarlas para mariachi. Hay temas clásicos (“Something”–The Beatles, “Space Oddity”–David Bowie, “Europa”–Santana); otros más recientes (“Close to me”–The Cure, “All these things I’ve done”–The Killers,Viva la Vida”–Coldplay) y también rock en español (“Hijo de la Luna”–Mecano,Bocanada”–Gustavo Cerati). Para realizarlo, juntaron mariachis y roqueros para la grabación. Colaboran, entre otros, los mariachis Vargas de Tecalitlán, el Sol de América, Embajador, Nuevo Tecalitlán; y por parte de los roqueros, Ugo Rodríguez (Azul Violeta), Juan Son (Porter), Sheila Ríos (corista de Maná), etc. Cabe mencionar que todos los músicos, mariachis y roqueros, son de Jalisco. Asimismo, es importante hacer notar que buena parte de la promoción del proyecto se hace a través de la Internet –no fue fortuito mi hallazgo a través de este medio–, siendo los medios tradicionales apenas un apoyo para la difusión del trabajo, según nos comentaron los propios creadores.

El proyecto surgió en 2009, y fue ideado por Alejandro Pérez y Fernando Chávez, a partir de ver juntos a Juanes y Metallica en la entrega de los MTV Latinos. La fusión resulta, sin lugar a dudas, altamente controversial:

La barrera del prejuicio es difícil de romper. Casi tan ardua como el hecho de aventurarse a realizar un disco en donde convivieran ambos estilos, que si algo podrían tener en común en primera instancia es que han trascendido un género musical para ser, tanto el rock como el mariachi, una cultura en sí mismos: no se refieren sólo a notas, melodías o instrumentos, sino que hablan de un estilo de vida, de una forma de comprender el entorno. (blogs.iteso.mx)

Este claro ejemplo de glocalización nos muestra la gran dificultad que implica atreverse a lanzar una fusión de estas magnitudes, pues no es la música en sí –ni los roqueros ni los mariachis se atreverían a negar la universalidad de la música–, sino toda la carga cultural que detrás de ello se viene.

Para efectos de esta investigación, logramos una entrevista vía Internet con Alejandro Pérez, uno de los creadores de esta idea. Sobre la motivación para realizar este proyecto, nos dijo que se busca “una nueva manera de acercar el mariachi a la gente que no lo conoce, a las nuevas generaciones y al público de otros países. Asimismo, pretenden “mostrar que este arreglo de instrumentos tiene una belleza enorme y que la música que se ha generado en México bajo este arreglo tiene una personalidad única en el mundo”. Cuando le pedí que aplicara calificativos para su proyecto, eligió adjetivarlo como mexicano, moderno e innovador”. La pregunta más sustanciosa para lo planteado en este trabajo se centró en su visión sobre el patrimonio cultural, si éste debe preservarse o renovarse. A ello, Alejandro nos contestó: “el mariachi debe preservarse y renovarse, en otras palabras debe de crecer.  ( Eso pensamos los que lo valoramos ).  La falta de alguna de las dos actividades lo orilla al olvido”[1].

Sin duda alguna, con estas respuestas podemos plantearnos muchas preguntas a partir del marco teórico que hemos tratado de donar al inicio de nuestra exposición.

Conclusiones
Como podemos notar, en la propia visión de sus creadores se encuentran muchas de las cuestiones que hemos desarrollado en este trabajo. Mariachi Rock-o es, sin lugar a dudas, un claro ejemplo de la posmoderna confrontación entre tradición e innovación, ampliamente desarrollada por Friedman. Desde el surgimiento de la idea, existía en los creadores la conciencia de este enfrentamiento; sabían que, al ser cada uno de los dos ámbitos musicales a combinar (rock y mariachi) corresponden a entornos de vida distintos y su combinación podría ser insultante para algunos. Sin embargo, el resultado parece ser positivo y se ha acogido muy bien tanto en lo local como en lo global. Bien podríamos catalogarlo como una forma de conciliación entre el Olivo y el Lexus. Es, también, una propuesta de “glocalización” de la música mexicana. El hecho de buscar que el formato de mariachi se utilice para temas ampliamente conocidos en el mundo gracias a su origen en el rock anglosajón, permite a esta expresión de la música mexicana buscar nuevas latitudes, donde la limitante del idioma no le permitía estar. Si bien también es ese “folklore light” al que nos referimos en el texto, tampoco podemos negar que la música se redimensiona con este ejercicio.

Sobre su carácter rizomático, no debiera existir duda alguna. El hecho de que éste haya sido ampliamente difundido por Internet y las redes sociales (MySpace, Facebook, etc.) nos muestra que pretende romper con los sistemas tradicionales del mercado de la música; no hay más una disquera, sino un modelo de autogestión que abarca la producción y distribución del contenido musical. Esta cuestión ha hecho que su alcance sea radicalmente distinto al que hubiera alcanzado bajo un esquema tradicional de distribución. El rizoma le permite llegar a lugares insospechados. Tan solo en su sitio de Facebook se muestran comentarios de Colombia y Argentina, lo cual demuestra su carácter global y rizomático al mismo tiempo. La lógica de mercado de la era post-napster faculta a los creadores del concepto para no solo crearlo y detallarlo, en sus manos está gestionarlo, promocionarlo, distribuirlo.

No dudo que ante esta exposición haya reacciones de rechazo; desde el planteamiento sabíamos que esto era provocador en ambos sentidos. No pretendemos ofender ni rebajar la valía de una música cuya representatividad ha traspasado la barrera regional –el Occidente mexicano– hasta ser un referente internacional de nuestro país. Es justo ahí donde vale la exposición, aún con la controversia.

Bibliografía
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Baudrillard, Jean (1997). La transparencia del mal. Anagrama, Barcelona.
… (2006). El complot del arte. Ilusión y desilusión estéticas. Amorrortu, Buenos Aires.
Beck, Ulrich (2004). Poder y contrapoder en la era global: la nueva economía política mundial. Paidós, Barcelona.
Bergman, Frank (2004). “Napster and the music industry”. Project/Open. Consultado en http://www.fraber.de/gem/Napster%20and%20the%20Music%20Industry%20010617.pdf, el 10 de agosto de 2011.
Cerrillo, Omar (2007). Rock: cultura alternativa a través de espacios y símbolos. Tesis para obtener el grado de Maestro en Sociología. Universidad Iberoamericana, México.
Comas D’Argemir, Dolors (2002). “La globalización, ¿unidad del sistema?: exclusión social, diversidad y diferencia cultural en la aldea global”. En Chomsky, et. al. Los límites de la globalización. Ariel, Barcelona.
Delueze, Gilles y Guattari, Felix (2000). Rizoma. Introducción a Mil Mesetas. Coyoacán, México.
Ehrlich, Brena (2011). “What would the music industry look like if Napster never existed?” En http://mashable.com/2011/04/08/napster-never-existed/, consultado el 10 de abril de 2010.
Friedman, Thomas L. (1999). Tradición versus innovación. Atlántida, Madrid.
García Canclini, Néstor (2002). La globalización imaginada. Paidós, México.
Kasabian, Anahid (2004). “Would you like some World Music with your Latte? Starbucks, Putumayo and Distributed Tourism”. En Twentieth Century Music 2/1. Cambridge University Press. Pp. 209-223. Consultado en http://journals.cambridge.org/action/displayFulltext?type=1&fid=298887&jid=TCM&volumeId=1&issueId=02&aid=298886, el 10 de agosto de 2011.
Lipovetsky, Gilles (1986). La era del vacío. Anagrama, Barcelona.
… (2007). El imperio de lo efímero. Anagrama, Barcelona.
Mariachi Rock-o. (2010). Sonidos de Jalisco. Disponible en http://soundcloud.com/mariachi-rock-o/sets, consultado el 10 de abril de 2011.
Pérez, Alejandro. Entrevista realizada mediante cuestionario enviado por correo electrónico, el 12 de agosto de 2011.
Zizek, Slavoj. (2010). “First as Tragedy, then as farce”. (video).   RSA Animate-Cognitive Media. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=hpAMbpQ8J7g. Consultado el 16 de octubre de 2010.
Zuik, Diana y Martínez, Silvano (s/f). “La World Music y la exclusión sonora mundial”. Consultado en http://www.lamulitarecords.com/common/uploads/textos/13_e.pdf, el 10 de agosto de 2011.
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“Mariachi Rock-o: sonidos de Jalisco”. En Rutas Alternas, http://blogs.iteso.mx/rutasalternas/?p=27, consultado el 10 de agosto de 2011.




[1] Entrevista realizada vía correo electrónico el día 12 de agosto de 2011.

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