viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Por qué la sociología se ocupa del arte?

Tradicionalmente, la disciplina que se ha ocupado del estudio del arte ha sido la filosofía, produciendo tratados sobre estética. Desde los antiguos griegos, los filósofos se han ocupado de la producción artística en cuanto a su virtud estética y espiritual. Platón hacía referencia al arte como imitación de la Naturaleza; Aristóteles lo consideraba un reflejo de la vida humana. Ya en la modernidad, importantes filósofos como Kant, Hegel, Nietzsche o Gadamer contribuyen con importantes teorías sobre estética. Sin embargo, la filosofía, o para ser más puntual la estética, se había concentrado en mirar al arte desde la obra, excluyendo a los propios actores participantes del arte –autor y espectador- del proceso.

Otra disciplina que se ha encargado del estudio del arte ha sido la llamada historia del arte, que tiene un origen conjunto entre los estudios estéticos de la filosofía y la propia historia. Producto de la Ilustración con Winckelmann, la historia del arte se fue convirtiendo con el paso del tiempo no solo en un recuento del pasado, sino también en teoría del arte. Recuperando los preceptos filosóficos, los trabajos biográficos de la época pre ilustrada, la historia del arte post hegeliana explora en otros ámbitos del conocimiento para apoyar sus indagaciones artísticas. La psicología, el psicoanálisis y la sociología se han convertido sin duda alguna en los grandes soportes contemporáneos de la historia del arte. Fue así como también la sociología entró a la discusión, enfocándolo desde otra perspectiva.

La pertinencia del estudio sociológico del arte reside en su orientación, dado que será relevante en cuanto a su valor como elemento constitutivo de lo social, como dijimos ya anteriormente. Esto es muy distinto al punto de vista filosófico-estético, entendida ésta como enfoques de lo bello humano, encargándose de asuntos como la composición, la estructura, la técnica o el impacto emotivo de las obras de arte. Asimismo, se distingue de la historia del arte en cuanto a que no nos interesa conocer la producción, estilo, técnica y otras cuestiones sobre el arte precedente, ni tampoco la producción teórico-ideológica detrás de la producción actual del arte. Al sociólogo no le preocupa la obra per se, sino lo que en sí se hace con la obra; no se trata de estudiar lo estético sino lo artístico. Tampoco es interés de la sociología los rasgos estilísticos del ahora y del ayer, no interesa comprender la obra, sino insertarla en un sistema social del cual forma parte y es un agente que provoca reacciones sociales.

El estudio sociológico del arte se ha realizado desde diversos enfoques teóricos; Néstor García Canclini, (2001: 18) distingue cinco en particular: la llamada sociología del espíritu, el empirismo o funcionalismo, la sociología marxista, el interaccionismo simbólico y la sociología estructural. A continuación describiremos brevemente cada una de estas corrientes.

En la corriente llamada sociología del espíritu, García Canclini considera a autores como Georges Gurvitch y Jean Duvignaud. De este último, en su obra Sociología del arte (1988), se puede destacar su rechazo a una idea de evolucionismo en el arte, el alejamiento de un ideal objetivo del arte, además de una concepción del artista y de la obra como agentes sociales activos, no como objeto contemplativo o dote de genialidad.

La segunda corriente que menciona García Canclini es el empirismo, en la cual ubica a autores como Vitautas Kavolis y Robert Escarpit. Aquí destacaremos algunas luces del trabajo del primero. En La Producción Artística (1970), Kavolis introduce al arte dentro de un sistema social, por lo que lo considera en estrecha relación con los subsistemas económico y político, así como el sistema de clasificación social como determinante del estilo artístico correspondiente. Asimismo, inserta al arte dentro de un sistema cultural, donde interactúa con otros elementos sociales que contribuyen en su formación, como puede ser la religión.

En cuanto al marxismo y su estudio del arte, habría que aclarar que dentro de esta gran corriente podemos ubicar múltiples enfoques. Quizá el más sobresaliente de ellos sea el de la escuela de Frankfurt, donde destacan personajes como Theodor W. Adorno[1] y Walter Benjamin[2]. En general, la escuela considera al arte como un componente de la superestructura, donde cabe el componente ideológico y la opción de transformar la expresión artística en un producto más de la industria de la cultura. Mención aparte merece el italiano Antonio Gramsci (2001), quien considera al arte en una dualidad; en principio de cuentas, está de acuerdo con la visión del arte como discurso hegemónico, pero considera también que éste puede constituirse en un discurso alterno para empoderar a la sociedad civil. Este enfoque tiene un fuerte impacto en el análisis sociopolítico del arte y permite reflexiones muy agudas al respecto.

De todas las escuelas, hemos dejado al último las dos que han mantenido fuerte vigencia en nuestros tiempos: la visión estructural bourdieana a partir de La Distinción[3]; y el interaccionismo simbólico representado por Howard S. Becker y su Art Worlds (de la Fuente, 2007). Sobre Bourdieu y sus aportaciones a la sociología del arte, habría que destacar la adscripción de éste a un campo de acción[4] autónomo que se correlaciona con las estructuras sociales. Particularmente, La Distinción, Bourdieu establece la correlación entre el estilo y la idea de belleza con las “condiciones de existencia” o condición de clase social entendido coloquialmente. Los aportes de Bourdieu son amplios, pues dota de acción y autonomía y le agrega sentido a partir del status que es capaz de conferir.

Sobre el interaccionismo simbólico y el trabajo de Howard S. Becker, el gran aporte de Art Worlds (1982) se encuentra en trabajar más allá de conceder poder de acción social al artista y a la obra, sino también en revisar las redes de trabajo y cooperación que subyacen en el trabajo artístico. De muchas formas se puede considerar su trabajo como antielitista, pues no es de su incumbencia la relación estilo-clase vista en Bourdieu o en los estudios marxistas. Becker pretende entender a mayor profundidad de lo que en términos generales todos conocemos como arte.

De la Fuente (2007) hace notar que de estas dos tendencias se han desprendido una serie de trabajos en sociología del arte que han rebasado algunos preceptos clásicos en este sentido, tales como la “tendencia a inflar el status e importancia del arte, la propensión a hacer afirmaciones vagas e imprecisas sobre la determinación social del arte y la representación artística de la realidad” (ídem, p. 410). Para este autor, estos últimos trabajos corresponden a una nueva tendencia que él llama “nueva sociología del arte” y que tiene características importantes como: a) la búsqueda de una especialización disciplinar, b) el fortalecimiento en su actuar interdisciplinario, c) la asignación del arte como actor y no objeto, d) una visión economicista del arte vista a través del consumo, y e) las redes sociales inmersas en la producción artística.

Como hemos visto en esta rápida revisión teórica sobre el estudio del arte, la sociología del arte se ha ocupado de diversos aspectos del mundo del arte. Bourdieu nos permite enfocarnos en el arte como un campo de acción propio que establece sus relaciones sociales muy particulares, como puede ser su valor como objeto de distinción. Esta visión se encontrará presente también en los trabajos de Jean Baudrillard en El Mundo de los Objetos (1968) y Crítica de la Economía política del signo (1972), donde el autor analiza el aspecto suntuario, ostentoso y de status que se asigna sobre los objetos únicos (piezas originales) y las colecciones. También se puede notar la influencia bourdieana en el trabajo sobre la Economía Política de la Música (1985) de Jacques Attali. En términos generales, esta tradición francesa ha enfocado sus baterías a la atención de los procesos económicos y políticos desprendidos de la circulación social de la obra de arte, sea ésta plástica o sonora. La influencia boudieana se hace patente también en el trabajo de John Hughson, The sociology of art: Ways of Seeing (2005), donde el concepto de “campo” es esencial para comprender el estudio de muy diversas producciones artísticas como la ópera, el ballet, el cine, o la world music.

Por su parte, la tradición emanada del interaccionismo simbólico dado por Howard S. Becker también ha contribuido notoriamente en el estudio social del arte con dos importantes consideraciones. En Art Worlds, Becker logra poner el énfasis en la construcción de redes sociales para la producción del arte; en Art From Start to Finish (2006) –obra en coautoría-, se muestra a la obra de arte como un actor más del proceso social del arte, y no como un mero objeto producto de la creación de un ser privilegiado como el artista. También podemos destacar la fuerte influencia del trabajo de Becker en estudios recientes, como los trabajos de Tia deNora sobre la teoría de Adorno (2003) y la construcción del “genio” en torno a Beethoven (1995).

Asimismo, consideramos importante destacar los principales aportes teóricos de origen latinoamericano a la visión de la sociología del arte, donde dos autores centran las más importantes aportaciones a esta disciplina científica. Por una parte, Néstor García Canclini, nos dice en La Producción Simbólica (1979) que la producción del arte latinoamericano se relaciona con el campo de acción que le compete, donde artista, obra, intermediario y espectador se interrelacionan entre sí para producir el arte como símbolo. De clara influencia bourdieana, este investigador argentino radicado en México desde los años ochenta, ha sido sin duda un importante baluarte para la consolidación de la sociología de la cultura y del arte en nuestro país.

Por su parte, Juan Acha en Arte y Sociedad: Latinoamérica el sistema de producción (1979), trata de establecer una distancia con las teorías espiritualistas e idealistas –emanadas del neoplatonismo hegeliano en términos estéticos- como ideas colonizadoras emanadas de Europa y Norteamérica, para centrarse en lo que él llama “el sistema de producción cultural” (p. 15). Esta visión de Acha considera diversos aspectos fundamentales en la producción artística como el trabajo artístico, su relación con otros campos del sistema cultural –tecnología, ciencia, etc.-, su relación con la distribución y el consumo del arte y la innovación, por citar los aspectos a nuestro criterio resultan más relevantes en este texto.

La lista de trabajos y autores en sociología del arte es muy amplia y llevaría escribir todo un libro para solo hacer un recuento de todo lo que interrelaciona a la sociología y al arte. Cerramos este texto mencionando en la importancia del análisis sociológico del arte a partir de un pequeño ejemplo. Tomemos como referencia el distanciamiento y pleito público entre David Alfaro Siqueiros y José Luis Cuevas cuando éste último lanzó la llamada “generación de la ruptura” en México. Desde la sociología, esta diferencia esgrimida en el mundo del arte y que en apariencia se trata de una discusión sobre los estilos artísticos, conlleva un cambio ideológico y de fines utilitarios en el arte.

Siqueiros pertenece a la generación del muralismo, estilo artístico usado durante el periodo de José Vasconcelos como secretario de Educación como una herramienta didáctica para “enseñar” historia al pueblo, también tenía un alto componente político pues era muy común encontrar detalles marxistas en sus imágenes (Giraudo; 2008). Por su parte, Cuevas y los suyos tienden a un arte abstracto, muy alejado de una connotación nacionalista y mucho menos política y revolucionaria; su lectura social está más enfocada al individualismo y a la sensualidad y alejado de la idea de educar a los pueblos a través del arte (http://letraslibres.com/pdf/5538.pdf).

Sirva este ejemplo para corroborar que el arte es más que una expresión estética y un asunto humanístico. Está inserto en un complejo entramado social del cual es partícipe y sin duda configura mundo y sociedad, junto con otros actores de lo social.

Bibliografía

Acha, Juan (1979). Arte y Sociedad: Latinoamérica, el sistema de producción. México. FCE.
Bain, Alison (2005). “Constructing an artistic identity”. En Work, Employment and Society. V. 19. SAGE, Londres.
Baudrillard, Jean (1977). Crítica de la economía política del signo. México, Siglo XXI.
(1985) El sistema de los objetos. México, Siglo XXI
(2006) El complot del arte. Buenos Aires, Amorrortu.
Becker, Howard S. (1963). Outsiders. Studies in Sociology of Deviance. Nueva York, Macmillan.
(1982) Art Worlds. Los Angeles. University of California.
Bourdieu, Pierre (1995) Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona, Anagrama.
(2003) La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. México, Taurus.
Bourdieu, Pierre y Darbel, Alain (2003). El amor al arte. Los museos europeos y su público. Barcelona, Paidós.
Cuevas, José Luis (1999). “El mural efímero”. En Revista Letras Libres. Febrero, 1999. Recuperado en http://letraslibres.com/pdf/5538.pdf el 11 de noviembre de 2010.
De la Fuente, Eduardo (2007) “The New ‘Sociology of Art’: Putting Art Back into Social Science Approaches to the Art”. Cultural Sociology. Vol. I(3). P 409-425
DeNora, Tia. (2000). Music and everyday life. Nueva York, Cambridge.
(2003). After Adorno: Rethinking Music Sociology. Cambridge and New York: Cambridge University Press.
Duvignaud, Jean (1988) Sociología del arte. Barcelona, Península.
Fernández Arenas, José (1986). Teoría y metodología de la historia del arte. Barcelona, Anthropos.
Francastel, Pierre (1975). Sociología del arte. Madrid, Emecé.
García Canclini, Néstor (1987). Políticas culturales en América Latina. Grijalbo. México
                 (2001). La producción simbólica. Teoría y método en sociología del arte. México, Siglo XXI.
Gielen, Pascal. (2005) “Art and Social Value Regimes”. En Current Sociology. V. 53, Septiembre. Sage, Londres.
Giraudo, Laura (2008). Anular las distancias. Los gobiernos posrevolucionarios en México y la transformación cultural de indios y campesinos. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
Golvano, Fernando (1994) “Redes, campos y mediaciones: una aproximación sociológica al arte contemporáneo”. En Reis. No. 84.
Hegel, G.W.F. (2005). Lecciones de Estética. México, Ed. Coyoacán.
Inglis, David y Hughson, John (2005). The sociology of art: ways of seeing. Nueva York, Palgrave-Macmillan.
Kavolis, Vitautas. (1968) La expresión artística: un estudio sociológico. Buenos Aires, Amorrortu.
Nietzsche, Friederich (2001) Estética y teoría de las artes. Madrid, Tecnos.
Varios. (1983) El nacionalismo y el arte mexicano. México, UNAM. Memoria del Noveno Coloquio de Historia del Arte



[1] De este autor hay que destacar Filosofía de la Nueva Música (2003),  Teoría estética (1970) y la introducción a la Sociología de la Música (1976).
[2] Cfr. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Ítaca, 2003).
[3] Además de la citada obra, habría que destacar sus aportaciones en El amor al arte (1969) y Las reglas del arte (1992).
[4] Mediante este concepto, Bourdieu divide al conjunto social en diversos campos de acción –económico, político, intelectual, científico, artístico, religioso, educativo y otros— que “funcionan con un grado considerable de autonomía”, misma que surge ante la capacidad de estos campos de acción de generar distinciones bien diferenciadas entre los distintos grupos sociales. (Bourdieu, 2003: 169).

jueves, 14 de octubre de 2010

Redes sociales: ¿una moda más del imperio de lo efímero?

Reconozco que este blog ha sufrido un severo abandono en los últimos años (sí, los meses ya se volvieron años, qué horror). En función de ello me permito retomarlo para realizar un ejercicio de reflexión en torno a la pertinencia del mismo. ¿Sigue siendo mi blog importante? De serlo, ¿por qué lo tengo tan abandonado? Hagamos pues un breve ejercicio de colocar al blogero en el diván y analizar qué es lo que está sucediendo con ello.

La salida fácil sería el tiempo. Sí, últimamente he andado muy ocupado como para tomarme unos minutos eventuales e ingresar al sitio para colocar nuevas cosas. Pero si hago un ejercicio más profundo de conciencia, encontraré que no ha sido así. La realidad es que el tiempo que paso en Internet se va entre consultas de datos, revisión de correo electrónico y.... FACEBOOK!!!!

Sí, la respuesta es que mi blog ha sido arrumbado al más recóndito rincón del ciberespacio por el tiempo invertido en esta llamada "red social". Acto seguido cabe la pregunta del porqué una cosa en lugar de la otra. Parece que la respuesta es obvia: los blogs ya no están "de moda" y ahora lo "inn" y lo "padre" está en Facebook. Pero no, la verdad es que ya Facebook tampoco es la neta de la Inter-neta; pues ahora lo chido es ser "twitero" y colocar pequeños telegramas a la vista de todos tus contactos. En mi caso, confieso que he entrado con mucha lentitud a Twitter, pues aún siguen sucediendo muchas cosas en Fb como para destinarle más tiempo al ocio cibernético en otra red.

Ahora bien, me parece importante no caer en el lugar común, en el pensamiento automático, de etiquetar a los sitios sociales de Internet con la etiqueta de "modas". Más relevante será hacer algo de x-égesis sobre esta idea. En particular, retomaré dos autores para ello.

En primer lugar, quiero recuperar algunas de las ideas de Gilles Lipovetsky en "El imperio de lo efímero", donde se realiza un interesante análisis sobre las modas en la pos modernidad, de las cuales cabe destacar que no son meros entes estéticos y banales como regularmente se piensa, sino que representan una buena forma de generar "superdiferenciación social". Esto es, no me visto así solo para verme bien, sino para verme de una forma muy particular, muy "mía". En segundo lugar, he revisado la literatura de Manuel Castells sobre la revolución cibernética de nuestros tiempos que nos lleva a esta "sociedad en red". Este autor enfatiza en la tensión social que emana de las tecnologías de información de nuestra era entre la interconexión homogeneizadora de la globalización y el polo opuesto de la individualización a través de temas específicos y excluyentes como pueden ser el terrorismo o el nacionalismo.

Si tratamos de conjuntar ambas ideas, encontramos que la lectura de las redes sociales como moda sería muy superficial. Si bien es cierto que ya son muy pocos los que recuerdan hi5 y que ahora cada vez son más los que pasan más tiempo en Twitter y desde ahí alimentan su Facebook, la realidad es que las redes son más que un pasatiempo efímero; son vehículos cibernéticos que nos permiten reafirmar nuestra individualidad y mostrarla y confrontarla con nuestros pares.

Nodos de la red totalizadora, sitios como los blogs, Fb y Tw permiten también solidificar quién es uno mismo. Además, estas mismas redes adquieren sentidos distintos en esta misma proyección. El carácter ensayístico y extenso del blog nada tiene que ver con la idea pronta, inmediata y telegráfica proyectada a través de Twitter, o bien la expresión completamente gráfica del Flickr. Tal vez mañana alguien diseñe una red más interesante o completa que cualquiera de las "de moda", pero las redes y sus capacidades llegaron para quedarse.