viernes, 7 de septiembre de 2007

Requiem

...Y tras conmemorar la muerte del rey, una muerte más nos secunda. Exequias al tenor italiano...

martes, 4 de septiembre de 2007

A 30 años de la muerte del rey

“El rock ha muerto”. Esta frase ha sido lugar común para cada generación que, al ver en decadencia a sus ídolos musicales, prefiere sentenciar la muerte del rock en su totalidad antes que reconocer que sus tiempos de juventud cedieron su espacio a nuevos movimientos musicales. Los defensores del rock por el rock mismo dirán que éste no muere, sino que solo pasa la estafeta a una nueva generación con otra visión musical. Aseguran que no puede morir un movimiento social, sino que mueren las personas, los seres vivos. En este mismo sentido, nos corresponde recordar que, en este agosto, se cumplen 30 años de la desaparición de Elvis Aaron Presley, declarado formalmente por muchos como “el Rey del Rocanrol”.

Elvis dejó de existir un 16 de agosto de 1977, año en el que los sucesos del mundo de la música poco tuvieron que ver con lo que en sí representa “El Rey”. Este año es el inicio de la era del punk, al surgir discos de los Sex Pistols, The Clash y los Talking Heads; el rock progresivo aún vive tiempos dorados, pues Fleetwood Mac es capaz de ganar el Grammy con su álbum “Rumours”. El pop de los ochenta comienza a trazar su camino; curiosamente, el mismo día que muere Elvis, nace INXS, todavía con el nombre de The Farriss Brothers (tres años después ya serían los que todos conocemos).

En medio del punk y el progresivo, los géneros dominantes del rock en esa década, Elvis estaba fuera de lugar. Era su etapa de decadencia. En esa época, mucho se le criticaba su mal estado físico y su falta de vigor en el escenario. Si bien los años setenta todavía le dieron éxitos millonarios como “Suspicious Minds”, el Rey del Rocanrol se sumió en una espiral de declive que terminó por llevarlo a la tumba a la edad de 42 años. Aún cuando muchas de sus fans lo esperaron durante el gran letargo que representó su servicio militar a lo largo de la década de los sesenta, era evidente que los buenos tiempos ya habían terminado. Sin duda, este fue el primer momento en el que una generación completa prefería declarar al rock muerto.

Treinta años después, las cosas se ven distintas. El punk ha renacido en una versión “feliz” (cuando hace 30 años no había nada más infeliz que el punk), el progresivo existe solo para quien lo busca o lo recuerda, el pop emergió en los ochenta para, con distintos matices, mantenerse vivo. Y al más puro estilo de José Alfredo, Elvis “sigue siendo El Rey”. Pocos recordarán ahora esos tiempos negros del Rey que hemos descrito, pues Elvis es rey por otras razones, como su provocativo estilo de baile, sus originales atavíos, la feliz concreción de llevar la música de los negros a un estilo de blancos, entre otros atributos más. Esas virtudes de su investidura real son pilar fundamental de la industria de la música del siglo XXI.

Ahora, es imposible pensar los videoclips de pop en MTV sin un baile cachondo (cómo olvidar la sudorosa danza de Britney en “I’m a Slave 4 U”); evitar la excentricidad en la vestimenta de infinidad de artistas pop o hip-hop; la colaboración interracial en la música popular norteamericana es algo ya natural. El último gran fenómeno con esta característica es Black Eyed Peas, formado por Fergie (raza blanca), apl.de.ap, will.i.am y Taboo (raza negra), grupo ganador de 3 premios Grammy en los últimos cuatro años. Quizá la relación de Britney Spears o Black Eyed Peas con Elvis no sea evidente a primera vista, pero todos los músicos pop se deben al único y verdadero Rey del Rocanrol.

Treinta años después, el rock no ha muerto, ni tampoco El Rey. Su herencia la percibimos en cada canción del Top-40 que nos guste, en cada ocasión que bailamos, en cada momento que pretendemos actuar como el galán que a todas conquista. Elvis es más que el Cadillac rosa, que el “rock de la cárcel” y un puñado de infames películas juveniles. Representa el inicio de una vida de juventud libre, desenfrenada, rebelde y con actitud propia. ¡Que viva el Rey!