Mucho se ha dicho sobre el 2012 y el fin del mundo basado en las profecías mayas: que si la realineación de los polos, que si un cambio de ciclo solar, que el gran asteroide calentará de más la tierra, o, la que por ahora quiero recuperar, un cambio en la conciencia universal.
Esto de las profecías y sus sentencias siempre tiene un toque de metafísica que a muchos les parece poco serio. Sin embargo, creo que los acontecimientos recientes nos muestran que este "cambio de conciencia universal" tiene mucho de sustento y poco de fantasía.
Comencemos por el tema ya tocado en este blog de las protestas ampliamente extendidas por el mundo este 2011. Su principal objetivo fue la denuncia de la gran acumulación de capital en muy pocas manos (en Occidente) y el cambio político (en Medio Oriente). A mi parecer, estos dos móviles sociales no se agotan con el año, pues ambos siguen vigentes. Ni el capitalismo financiero ha sido regulado por las grandes economías, ni han terminado por caer todos los regímenes autoritarios del mundo árabe. Me parece muy clareo que el propósito de cambiar el sistema político y económico es un "cambio de conciencia".
En los ámbitos culturales, también hay señales claras de este cambio de conciencia. Hay considerables signos sobre la crisis del sistema de "cultura como mercancía", ampliamente analizado por autores como García Canclini, Yúdice o Rapaille. La industria disquera está en franca decadencia, la industria editorial ha hablado cada vez con mayor fuerza sobre el e-book y la industria cinematográfica no sabe cómo contrarestar los efectos de sitios como Netflix.
En el primer caso, la venta de discos ha sido la más baja desde 1973, pero, en contraparte, la descarga de sencillos está en un alza exponencial. Claro, esto último no se traduce necesariamente en ventas, pues existen los modelos de descargas gratuitas legales. Para el segundo caso de la industria, hay datos que muestran que más del 60% de las ventas de las casas editoriales se hacen vía Internet. Al igual que en el caso anterior, esto no necesariamente habla de libros electrónicos, pues también hay una amplia venta de libros impresos por Internet. En cuanto al cine, los datos también son contundentes: las ventas de DVD han caído entre 30 y 50% en los últimos años. A lo anterior, habría que sumar el creciente número de productores tanto de música, literatura y video que son sus propios agentes gracias a las herramientas digitales. Esto también nos habla de un "cambio de conciencia" en la forma de hacer, distribuir y consumir cultura en el mundo.
Quizá el 2012 sea el año del cambio de conciencia total: el fin del capitalismo tal como lo conocemos, el fin de las dictaduras totalitarias tal como las conocemos, y la consolidación de un modelo de autogestión cultural digital. Quizá me pregunten qué hay después del capitalismo y el totalitarismo y modelo Disney de capitalismo cultural. No lo sé ni tampoco quiero jugar a la predicción marxista (el gran error de tan erudito autor). Soy un optimista que todo cambio termina por ser mejor. Una uva de mis deseos de año nuevo va para este mundo con sus nuevos modelos político, económico y particularmente, el cultural.
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viernes, 30 de diciembre de 2011
lunes, 28 de noviembre de 2011
Mariachi Rock-o: una expresión posmoderna de lo mexicano
Lo estético en la
posmodernidad
Desde inicios del
siglo XX, la gran característica del arte fue la provocación y el rechazo. Así
sucedió con los impresionistas y fauvistas en el ocaso del París de la Bella
Época; ni qué decir de las encontradísimas reacciones al orinal o la silla con
rueda de bicicleta de Marcel Duchamp en Nueva York; y en el ocaso del siglo XX,
aquella caja de zapatos de Gabriel Orozco en la Bienal de Venecia. Entre el rechazo y la
admiración, los artistas visuales de esta era fueron acuñando el término de
“anti-arte”, que en palabras del propio Marcel Duchamp “se basaba en una
reacción de indiferencia visual, con la total ausencia de buen o mal gusto (...)
de hecho una completa anestesia” (www.ciber-arte.com).
Lo que comenzó en
la estética de las academias parisinas influenció poco a poco a toda la
sociedad y se convirtió en un fenómeno digno de atención académica. Los llamados
filósofos posmodernos de origen francés, dieron cuenta de estos cambios que
implicaban alterar los principios fundamentales de la modernidad racional de la
Ilustración: se cancela cualquier utopía de progreso, el desencanto ocupa su
lugar; se enfatiza la satisfacción personal por la social, pasando ampliamente
por el consumo; el racionalismo pierde autoridad a manos de otras fuentes de
conocimiento como la espiritualidad y el esoterismo; el lenguaje, en manos de
los medios de comunicación, alcanza dimensiones insospechadas, pero al mismo
tiempo, la sobreinformación genera desinformación, estimulando el
individualismo pragmático.
Para efectos de
este trabajo, recuperaremos algunas de las ideas más importantes de tres
importantes representantes de esta corriente posmoderna del pensamiento
–también reconocidos como post estructuralistas, por la gran influencia que
ejercen en ellos pensadores como Althusser, Foucault o Derrida–. Nos interesan
las ideas sobre estética de Jean Baudrillard, las ideas sobre el personalismo
estético en Gilles Lipovetsky, y la noción de rizoma en los textos, expuesta
por Gilles Deleuze y Felix Guattari.
En primer lugar,
tomaremos a Baudrillard, quien incluso hace de la propia noción de antiarte
objeto de su análisis. Para él, el arte ha perdido su capacidad de representación,
quedándonos solo “del arte la propia idea del arte” (Baudrillard, 2006: p. 39).
El arte es complotista y busca ser un agente más de la falta de contrastes en
el mundo posmoderno. El arte contemporáneo es una simulación, es una
transestética que sólo transmite “obscenidad de la visibilidad, de la transparencia inexorable de todas
las cosas” (Baudrillard, 1997: p. 53). Su paradigma es, entonces, comunicar el
sinsentido, es un objeto que se desobjetualiza y se vuelve cómplice de la
máscara que disimula el desencanto del mundo.
Las ideas de Baudrillard bien pueden reforzarse con las ideas de Gilles Lipovetsky sobre las nuevas formas de individualización y personalización en la posmodernidad. Particularmente para este trabajo, nos interesa su idea sobre la estetización del individuo, a partir del resurgimiento de dos mitos: Eros, el amor seductor; y Narciso, el amor a sí mismo. Ambas nociones son ampliamente necesarias para la concepción del individuo posmoderno, que se construye a sí mismo a partir de amor propio y amor seductor. Esta construcción erótico-narcisista es palpable a partir del fenómeno de la moda, asunto altamente efímero y frívolo, pero indispensable para la vida en la era posmoderna (Lipovetsky, 2007). Sin embargo, el autor se mantiene optimista al respecto; concede que la época también contiene una nueva idea de la ética, donde hay una consideración por la otredad para la propia subsistencia. Esta noción ética lipovetskiana está fuertemente relacionada con la del “consumo ético” plantada por Zizek, donde el individuo, altamente consumista, prefiere consumir aquello que se diga benéfico para el planeta o algún grupo desfavorecido en el mundo (Zizek, 2010).
Por último, y en
complemento a lo anterior, queremos rescatar la idea de “Rizoma” de Deleuze y
Guattari. En la introducción a Mil
Mesetas (Deleuze, 2000), los autores plantean que el libro, herramienta
fundamental para la fundación de la Modernidad, fue concebido como una raíz,
donde el conocimiento parte de un origen común y se va subdividiendo y
estableciendo en taxonomías perfectamente ordenadas para organizar las ideas.
Esta noción se altera en la Posmodernidad. El libro no tiene más una lógica
arbórea, sino el de un rizoma (como los filamentos entrelazados del tubérculo,
o las complejas redes de interconexión que presentan los túneles de los topos o
los perritos de la pradera). En esta nueva concepción de la escritura y del
conocimiento, Deleuze y Guattari piden “escribir a n-1” (Delueze, 2000: p. 12); esto es,
siempre antecediendo a la multiplicidad de interconexiones que se derivan de la
primer noción. De alguna manera, los autores están anticipando la era del
hipervínculo –es un texto de la década de los ochenta–, donde el texto deja de
ser raíz y se vuelve este rizoma de interrelaciones infinitas, donde todo tiene
que ver con todo y nada es absoluto.
Es bajo estos
preceptos que podemos comprender la Posmodernidad, donde impera el arte no
objetual y transgresor hasta de sí mismo; cómplice de la superestetización del
individuo y de la desestetización del arte mismo; de una concepción atómica de
un sujeto consumista, pero ético; que se adentra en el texto con una lógica de
interconexión que supera cualquier intento de jerarquización de la información.
Bajo estos parámetros, la música también altera sus propios formatos, pues su
apropiación, consumo y distribución se modifica sustancialmente.
Las nuevas relaciones de lo local y lo global
El afamado periodista y corresponsal del New York Times, Thomas L. Firedman,
plantea en un muy interesante libro una de las grandes dicotomías de la
posmodernidad. En el propio título de la obra en inglés (The Lexus and The Olive Tree; Friedman, 1999) se puede percibir
esta gran contradicción. La posmodernidad es, por un lado, productora de los
acercamientos entre los distantes; es causa y efecto de las grandes tecnologías
totalizadoras como la computadora, los teléfonos móviles y el Internet; pero,
por otro lado, ha traído consigo un mayor aprecio a lo culturalmente propio, a
la preservación del grupo social original y de los valores y objetos que le
pertenecen. Es así como el Lexus, el auto hipermoderno del Japón, se confronta
al árbol de olivo, altamente representativo de la estirpe judía.
Esta es la gran confrontación de la llamada “globalización
cultural”, o como lo expresaría Ulrich Beck, la “glocalización”, donde lo local
y lo global se unen, pero se rechazan al mismo tiempo (Beck, 2004). En nuestros
países latinoamericanos, esta se expresa con claridad en la noción de culturas
híbridas de García Canclini, donde lo culto, lo popular y lo masivo conviven
cotidianamente para reconformar nuestras culturas posmodernas. Es un constante
McDonald’s contra Macondo (García Canclini, 2002), que termina por generar una
profunda “fragmentación de identidades”, como lo dice Comas D’Argemir. Entre
más se trata de homogeneizar el mundo a través de productos culturales cargados
con la etiqueta de lo global, los individuos buscan más los referentes locales
para reafirmarse, pero estos terminan por estar impregnados también de los
efectos globales. Por más que se busque preservar por preservar, se termina por
hacer reestructuración de lo local ante lo global para hacerlo sobrevivir
(Comas D’Argemir, 2002: p.100)
Todos estos complejos y entramados
sistemas de conexión entre global y local, de hibridaciones y fragmentaciones,
terminan por modificar el sistema cultural. Comas D’Argemir habla de los
productos culturales étnicos como “alternativos” a los del sistema mundial. En
una investigación previa, ya nosotros habíamos trabajado con la noción de
culturas alternativas, cuya origen gramsciano nos sitúa en un contexto de hegemonía
contra alternatividad. Sin embargo, el concepto es ahora más permeable, se
vuelve un capital cultural de reserva que “ha sido excluido de la cultura hegemónica, pero mantiene un sistema de
entradas y salidas no reguladas que la mantienen en relación con el centro
cultural” (Cerrillo, 2007: p. 146).
La posmodernidad y la glocalización en el mercado de la música
Todas las nociones
teóricas que hemos revisado hasta ahora no se hicieron palpables en el entorno
de la música sino hasta el advenimiento en los años noventa del fenómeno
Napster. Recordemos que esto se trató del primer sistema de descargas masivas e
ilegales de música por Internet bajo el sistema peer-to-peer, con lo que se vino a la baja la tendencia ganadora
que por décadas había mantenido la industria discográfica y que le permitía
manejar todo el entorno de la música, pues el éxito comercial de los artistas
dependía totalmente del disco:
Fuente: Ehrlich, Brena (2011)
Pese a los
intentos de la industria discográfica por contrarrestar los efectos del sistema
de descargas iniciado por este sitio digital, este cambio llegó para quedarse.
No obstante las demandas encabezadas por algunos artistas como Metallica, ni el
lanzamiento de sus propios portales de descargas y la virtual desarticulación
de Napster, los sitios de descarga proliferaron y los medios de intercambio no
comercial se multiplicaron. El disco dejó de ser el medio de distribución y
consumo ideal para el mercado de la música y dio paso a nuevas formas de
gestión de la música. La proliferación de software de audio para computadoras
caseras y la llegada de sitios de distribución personal de música, como
MySpace, habían dado lugar a un sistema de autoproducción y autodistribución de
la música, abriendo la línea de consumo hacia ámbitos donde la remuneración
económica pasaba a segundo término. El rizoma había llegado al mercado de la
música y el sistema arbóreo que representaban las compañías disqueras estaba
herido de muerte.
Así como el total
del mercado de la música se alteró ante la presencia de los formatos digitales,
también vimos suceder cambios en la valoración y comercialización de las
músicas folclóricas. Estos cambios se anunciaron con mucha anticipación, cuando
algunos artistas del ámbito del rock y la música moderna habían introducido a
su trabajo instrumentaciones o estructuras musicales “exóticas”, como las
cítaras indias con artistas como los Beatles o los Rolling Stones, el gran auge
del latin jazz en la segunda mitad
del siglo XX y el paulatino reconocimiento de artistas de países asiáticos (Ravi
Shankar, Fairuz), africanos (Cesária Évora, Miriam Makeba) o latinoamericanos (Tito
Puente, Celia Cruz) en el mercado internacional de la música.
Ya en los años
ochenta, este “descubrimiento” de las músicas locales ya tenía el apelativo de
Worldbeat, ritmos del mundo. Artistas como Peter Gabriel no sólo incorporaron
músicos de otras latitudes a su equipo (Manu Katché), sino a colaborar
directamente en el festival WOMAD (World of Music, Arts and Dance) y crear la compañía
disquera Real World en 1989, cuyo interés se centra en las músicas étnicas del
mundo.
El mejor ejemplo del desarrollo del
WorldBeat y la World Music está, sin lugar a dudas, en la compañía disquera
Putumayo. Creada a inicios de los noventa, desde su propia concepción, se trató
de un proyecto dirigido a retomar las músicas del mundo y llevarlas al mercado
internacional, en un formato más contemporáneo y atractivo al consumidor. La
innovación comercial que representa Putumayo lo ha llevado al punto de diversificar
sus puntos de venta, como el hecho de contar con un exhibidor en las cafeterías
Starbuck’s, lo cual en términos descritos por Kasabian se convierte en un
“turismo distribuido”, donde se inserta a la música en el proceso de
sobreinformación y su consecuente desinformación que conforma al individuo
posmoderno (Kasabian, 2004).
De igual manera, el acercamiento de
Putumayo con Starbuck’s tiene su componente ético. La empresa cafetera se
promueve como gestora del comercio justo, pues dice comprar el grano de café a
productores pequeños sin beneficiar a los distribuidores intermediarios que
suelen quedarse con las mayores ganancias. El propio Zizek califica el acto de
consumir en Starbuck’s como una “limpia del karma cultural” (Zizek, 2010). En
este mismo sentido se justifica la presencia de Putumayo en sus tiendas, pues
comprar sus discos es como apoyar a los pequeños productores de música del
mundo sin recurrir a los voraces distribuidores intermediarios.
La sociedad entre Starbuck’s y Putumayo
no es solamente comercial, sino ideológica. Como lo indican Zuik y Martínez, “la
introducción de las músicas étnicas en el mercado no es ingenua. Su ingreso
supone pasar a formar parte de la World Music como producto globalizado,
perdiendo idiosincrasias y marcas identitarias” (Zuik, s/f, p. 3). El paso de
las músicas folclóricas por los filtros occidentalizadores que representan las
disqueras como Real World o Putumayo. La música que emana de la world music es una suerte de “folklore light”, se le quitan ciertos condimentos
para evitar indigestiones al consumidor. En este mismo sentido, Martí afirma
que “el concepto de world music sirve
para cantar la diversidad, pero al mismo tiempo para encuadrar esta diversidad
dentro de unas estructuras de jerarquía social” (Barañano, 2003: p.4).
Sin embargo, no podemos dejar de lado
lo que también representa el advenimiento de esta World Music, que es la
oportunidad de insertar lo local en lo global, de llevar al mundo un fragmento
de los ritmos, instrumentaciones y composiciones del entorno inmediato para
orgullosamente mostrarlo al resto del mundo. En las palabras de Francisco
Cruces, con la World Music “por fin se ha construido lo que la etnomusicología
soñó: un oyente omnisciente, panóptico, que tiene todas las músicas del mundo
disponibles a su alcance” (Barañano, 2003: p. 10). El hecho de insertar el arte
y la música en un sistema rizomático de información se asume también como una
ventana de oportunidad, como la opción para lograr difusiones de trabajos que
antes se restringían por su ubicación espacial. En esta lógica se inserta el
trabajo de Mariachi Rock-o.
Mariachi rock-o:
el proyecto
Antes que nada, debo confesar que conocí Mariachi Rock-o en una tarde de
divagación en la Internet, en el gran libro rizomático de Deleuze. En esencia,
el proyecto consiste en retomar canciones exitosas en el entorno del rock y
arreglarlas para mariachi. Hay temas clásicos (“Something”–The Beatles, “Space Oddity”–David Bowie, “Europa”–Santana);
otros más recientes (“Close to me”–The Cure, “All these things I’ve done”–The
Killers, “Viva la Vida”–Coldplay)
y también rock en español (“Hijo de la Luna”–Mecano, “Bocanada”–Gustavo Cerati). Para realizarlo, juntaron
mariachis y roqueros para la grabación. Colaboran, entre otros, los mariachis
Vargas de Tecalitlán, el Sol de América, Embajador, Nuevo Tecalitlán; y por
parte de los roqueros, Ugo Rodríguez (Azul Violeta), Juan Son (Porter), Sheila
Ríos (corista de Maná), etc. Cabe mencionar que todos los músicos, mariachis y
roqueros, son de Jalisco. Asimismo, es importante hacer notar que buena parte
de la promoción del proyecto se hace a través de la Internet –no fue fortuito
mi hallazgo a través de este medio–, siendo los medios tradicionales apenas un
apoyo para la difusión del trabajo, según nos comentaron los propios creadores.
El proyecto surgió
en 2009, y fue ideado por Alejandro Pérez y Fernando Chávez, a partir de ver
juntos a Juanes y Metallica en la entrega de los MTV Latinos. La fusión
resulta, sin lugar a dudas, altamente controversial:
La barrera del prejuicio
es difícil de romper. Casi tan ardua como el hecho de aventurarse a realizar un
disco en donde convivieran ambos estilos, que si algo podrían tener en común en
primera instancia es que han trascendido un género musical para ser, tanto el
rock como el mariachi, una cultura en sí mismos: no se refieren sólo a notas,
melodías o instrumentos, sino que hablan de un estilo de vida, de una forma de
comprender el entorno. (blogs.iteso.mx)
Este claro ejemplo
de glocalización nos muestra la gran dificultad que implica atreverse a lanzar
una fusión de estas magnitudes, pues no es la música en sí –ni los roqueros ni
los mariachis se atreverían a negar la universalidad de la música–, sino toda
la carga cultural que detrás de ello se viene.
Para efectos de
esta investigación, logramos una entrevista vía Internet con Alejandro Pérez,
uno de los creadores de esta idea. Sobre la motivación para realizar este
proyecto, nos dijo que se busca “una nueva manera de acercar el mariachi
a la gente que no lo conoce, a las nuevas generaciones y al público de otros
países. Asimismo, pretenden “mostrar
que este arreglo de instrumentos tiene una belleza enorme y que la música que
se ha generado en México bajo este arreglo tiene una personalidad única en el
mundo”. Cuando le pedí que aplicara calificativos para su proyecto, eligió
adjetivarlo como “mexicano, moderno e innovador”. La
pregunta más sustanciosa para lo planteado en este trabajo se centró en su
visión sobre el patrimonio cultural, si éste debe preservarse o renovarse. A
ello, Alejandro nos contestó: “el mariachi debe
preservarse y renovarse, en
otras palabras debe de crecer. ( Eso pensamos los que lo valoramos ).
La falta de alguna de las dos actividades lo orilla al olvido”[1].
Sin
duda alguna, con estas respuestas podemos plantearnos muchas preguntas a partir
del marco teórico que hemos tratado de donar al inicio de nuestra exposición.
Conclusiones
Como
podemos notar, en la propia visión de sus creadores se encuentran muchas de las
cuestiones que hemos desarrollado en este trabajo. Mariachi Rock-o es, sin
lugar a dudas, un claro ejemplo de la posmoderna confrontación entre tradición e
innovación, ampliamente desarrollada por Friedman. Desde el surgimiento de la
idea, existía en los creadores la conciencia de este enfrentamiento; sabían
que, al ser cada uno de los dos ámbitos musicales a combinar (rock y mariachi)
corresponden a entornos de vida distintos y su combinación podría ser
insultante para algunos. Sin embargo, el resultado parece ser positivo y se ha
acogido muy bien tanto en lo local como en lo global. Bien podríamos
catalogarlo como una forma de conciliación entre el Olivo y el Lexus. Es, también,
una propuesta de “glocalización” de la música mexicana. El hecho de buscar que
el formato de mariachi se utilice para temas ampliamente conocidos en el mundo
gracias a su origen en el rock anglosajón, permite a esta expresión de la
música mexicana buscar nuevas latitudes, donde la limitante del idioma no le
permitía estar. Si bien también es ese “folklore light” al que nos referimos en el texto, tampoco podemos negar que
la música se redimensiona con este ejercicio.
Sobre
su carácter rizomático, no debiera existir duda alguna. El hecho de que éste
haya sido ampliamente difundido por Internet y las redes sociales (MySpace,
Facebook, etc.) nos muestra que pretende romper con los sistemas tradicionales
del mercado de la música; no hay más una disquera, sino un modelo de
autogestión que abarca la producción y distribución del contenido musical. Esta
cuestión ha hecho que su alcance sea radicalmente distinto al que hubiera
alcanzado bajo un esquema tradicional de distribución. El rizoma le permite llegar
a lugares insospechados. Tan solo en su sitio de Facebook se muestran
comentarios de Colombia y Argentina, lo cual demuestra su carácter global y
rizomático al mismo tiempo. La lógica de mercado de la era post-napster faculta
a los creadores del concepto para no solo crearlo y detallarlo, en sus manos
está gestionarlo, promocionarlo, distribuirlo.
No
dudo que ante esta exposición haya reacciones de rechazo; desde el
planteamiento sabíamos que esto era provocador en ambos sentidos. No
pretendemos ofender ni rebajar la valía de una música cuya representatividad ha
traspasado la barrera regional –el Occidente mexicano– hasta ser un referente
internacional de nuestro país. Es justo ahí donde vale la exposición, aún con
la controversia.
Bibliografía
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viernes, 12 de noviembre de 2010
¿Por qué la sociología se ocupa del arte?
Tradicionalmente, la disciplina que se ha ocupado del estudio del arte ha sido la filosofía, produciendo tratados sobre estética. Desde los antiguos griegos, los filósofos se han ocupado de la producción artística en cuanto a su virtud estética y espiritual. Platón hacía referencia al arte como imitación de la Naturaleza; Aristóteles lo consideraba un reflejo de la vida humana. Ya en la modernidad, importantes filósofos como Kant, Hegel, Nietzsche o Gadamer contribuyen con importantes teorías sobre estética. Sin embargo, la filosofía, o para ser más puntual la estética, se había concentrado en mirar al arte desde la obra, excluyendo a los propios actores participantes del arte –autor y espectador- del proceso.
Otra disciplina que se ha encargado del estudio del arte ha sido la llamada historia del arte, que tiene un origen conjunto entre los estudios estéticos de la filosofía y la propia historia. Producto de la Ilustración con Winckelmann, la historia del arte se fue convirtiendo con el paso del tiempo no solo en un recuento del pasado, sino también en teoría del arte. Recuperando los preceptos filosóficos, los trabajos biográficos de la época pre ilustrada, la historia del arte post hegeliana explora en otros ámbitos del conocimiento para apoyar sus indagaciones artísticas. La psicología, el psicoanálisis y la sociología se han convertido sin duda alguna en los grandes soportes contemporáneos de la historia del arte. Fue así como también la sociología entró a la discusión, enfocándolo desde otra perspectiva.
La pertinencia del estudio sociológico del arte reside en su orientación, dado que será relevante en cuanto a su valor como elemento constitutivo de lo social, como dijimos ya anteriormente. Esto es muy distinto al punto de vista filosófico-estético, entendida ésta como enfoques de lo bello humano, encargándose de asuntos como la composición, la estructura, la técnica o el impacto emotivo de las obras de arte. Asimismo, se distingue de la historia del arte en cuanto a que no nos interesa conocer la producción, estilo, técnica y otras cuestiones sobre el arte precedente, ni tampoco la producción teórico-ideológica detrás de la producción actual del arte. Al sociólogo no le preocupa la obra per se, sino lo que en sí se hace con la obra; no se trata de estudiar lo estético sino lo artístico. Tampoco es interés de la sociología los rasgos estilísticos del ahora y del ayer, no interesa comprender la obra, sino insertarla en un sistema social del cual forma parte y es un agente que provoca reacciones sociales.
El estudio sociológico del arte se ha realizado desde diversos enfoques teóricos; Néstor García Canclini, (2001: 18) distingue cinco en particular: la llamada sociología del espíritu, el empirismo o funcionalismo, la sociología marxista, el interaccionismo simbólico y la sociología estructural. A continuación describiremos brevemente cada una de estas corrientes.
En la corriente llamada sociología del espíritu, García Canclini considera a autores como Georges Gurvitch y Jean Duvignaud. De este último, en su obra Sociología del arte (1988), se puede destacar su rechazo a una idea de evolucionismo en el arte, el alejamiento de un ideal objetivo del arte, además de una concepción del artista y de la obra como agentes sociales activos, no como objeto contemplativo o dote de genialidad.
La segunda corriente que menciona García Canclini es el empirismo, en la cual ubica a autores como Vitautas Kavolis y Robert Escarpit. Aquí destacaremos algunas luces del trabajo del primero. En La Producción Artística (1970), Kavolis introduce al arte dentro de un sistema social, por lo que lo considera en estrecha relación con los subsistemas económico y político, así como el sistema de clasificación social como determinante del estilo artístico correspondiente. Asimismo, inserta al arte dentro de un sistema cultural, donde interactúa con otros elementos sociales que contribuyen en su formación, como puede ser la religión.
En cuanto al marxismo y su estudio del arte, habría que aclarar que dentro de esta gran corriente podemos ubicar múltiples enfoques. Quizá el más sobresaliente de ellos sea el de la escuela de Frankfurt, donde destacan personajes como Theodor W. Adorno[1] y Walter Benjamin[2]. En general, la escuela considera al arte como un componente de la superestructura, donde cabe el componente ideológico y la opción de transformar la expresión artística en un producto más de la industria de la cultura. Mención aparte merece el italiano Antonio Gramsci (2001), quien considera al arte en una dualidad; en principio de cuentas, está de acuerdo con la visión del arte como discurso hegemónico, pero considera también que éste puede constituirse en un discurso alterno para empoderar a la sociedad civil. Este enfoque tiene un fuerte impacto en el análisis sociopolítico del arte y permite reflexiones muy agudas al respecto.
De todas las escuelas, hemos dejado al último las dos que han mantenido fuerte vigencia en nuestros tiempos: la visión estructural bourdieana a partir de La Distinción[3]; y el interaccionismo simbólico representado por Howard S. Becker y su Art Worlds (de la Fuente, 2007). Sobre Bourdieu y sus aportaciones a la sociología del arte, habría que destacar la adscripción de éste a un campo de acción[4] autónomo que se correlaciona con las estructuras sociales. Particularmente, La Distinción, Bourdieu establece la correlación entre el estilo y la idea de belleza con las “condiciones de existencia” o condición de clase social entendido coloquialmente. Los aportes de Bourdieu son amplios, pues dota de acción y autonomía y le agrega sentido a partir del status que es capaz de conferir.
Sobre el interaccionismo simbólico y el trabajo de Howard S. Becker, el gran aporte de Art Worlds (1982) se encuentra en trabajar más allá de conceder poder de acción social al artista y a la obra, sino también en revisar las redes de trabajo y cooperación que subyacen en el trabajo artístico. De muchas formas se puede considerar su trabajo como antielitista, pues no es de su incumbencia la relación estilo-clase vista en Bourdieu o en los estudios marxistas. Becker pretende entender a mayor profundidad de lo que en términos generales todos conocemos como arte.
De la Fuente (2007) hace notar que de estas dos tendencias se han desprendido una serie de trabajos en sociología del arte que han rebasado algunos preceptos clásicos en este sentido, tales como la “tendencia a inflar el status e importancia del arte, la propensión a hacer afirmaciones vagas e imprecisas sobre la determinación social del arte y la representación artística de la realidad” (ídem, p. 410). Para este autor, estos últimos trabajos corresponden a una nueva tendencia que él llama “nueva sociología del arte” y que tiene características importantes como: a) la búsqueda de una especialización disciplinar, b) el fortalecimiento en su actuar interdisciplinario, c) la asignación del arte como actor y no objeto, d) una visión economicista del arte vista a través del consumo, y e) las redes sociales inmersas en la producción artística.
Como hemos visto en esta rápida revisión teórica sobre el estudio del arte, la sociología del arte se ha ocupado de diversos aspectos del mundo del arte. Bourdieu nos permite enfocarnos en el arte como un campo de acción propio que establece sus relaciones sociales muy particulares, como puede ser su valor como objeto de distinción. Esta visión se encontrará presente también en los trabajos de Jean Baudrillard en El Mundo de los Objetos (1968) y Crítica de la Economía política del signo (1972), donde el autor analiza el aspecto suntuario, ostentoso y de status que se asigna sobre los objetos únicos (piezas originales) y las colecciones. También se puede notar la influencia bourdieana en el trabajo sobre la Economía Política de la Música (1985) de Jacques Attali. En términos generales, esta tradición francesa ha enfocado sus baterías a la atención de los procesos económicos y políticos desprendidos de la circulación social de la obra de arte, sea ésta plástica o sonora. La influencia boudieana se hace patente también en el trabajo de John Hughson, The sociology of art: Ways of Seeing (2005), donde el concepto de “campo” es esencial para comprender el estudio de muy diversas producciones artísticas como la ópera, el ballet, el cine, o la world music.
Por su parte, la tradición emanada del interaccionismo simbólico dado por Howard S. Becker también ha contribuido notoriamente en el estudio social del arte con dos importantes consideraciones. En Art Worlds, Becker logra poner el énfasis en la construcción de redes sociales para la producción del arte; en Art From Start to Finish (2006) –obra en coautoría-, se muestra a la obra de arte como un actor más del proceso social del arte, y no como un mero objeto producto de la creación de un ser privilegiado como el artista. También podemos destacar la fuerte influencia del trabajo de Becker en estudios recientes, como los trabajos de Tia deNora sobre la teoría de Adorno (2003) y la construcción del “genio” en torno a Beethoven (1995).
Asimismo, consideramos importante destacar los principales aportes teóricos de origen latinoamericano a la visión de la sociología del arte, donde dos autores centran las más importantes aportaciones a esta disciplina científica. Por una parte, Néstor García Canclini, nos dice en La Producción Simbólica (1979) que la producción del arte latinoamericano se relaciona con el campo de acción que le compete, donde artista, obra, intermediario y espectador se interrelacionan entre sí para producir el arte como símbolo. De clara influencia bourdieana, este investigador argentino radicado en México desde los años ochenta, ha sido sin duda un importante baluarte para la consolidación de la sociología de la cultura y del arte en nuestro país.
Por su parte, Juan Acha en Arte y Sociedad: Latinoamérica el sistema de producción (1979), trata de establecer una distancia con las teorías espiritualistas e idealistas –emanadas del neoplatonismo hegeliano en términos estéticos- como ideas colonizadoras emanadas de Europa y Norteamérica, para centrarse en lo que él llama “el sistema de producción cultural” (p. 15). Esta visión de Acha considera diversos aspectos fundamentales en la producción artística como el trabajo artístico, su relación con otros campos del sistema cultural –tecnología, ciencia, etc.-, su relación con la distribución y el consumo del arte y la innovación, por citar los aspectos a nuestro criterio resultan más relevantes en este texto.
La lista de trabajos y autores en sociología del arte es muy amplia y llevaría escribir todo un libro para solo hacer un recuento de todo lo que interrelaciona a la sociología y al arte. Cerramos este texto mencionando en la importancia del análisis sociológico del arte a partir de un pequeño ejemplo. Tomemos como referencia el distanciamiento y pleito público entre David Alfaro Siqueiros y José Luis Cuevas cuando éste último lanzó la llamada “generación de la ruptura” en México. Desde la sociología, esta diferencia esgrimida en el mundo del arte y que en apariencia se trata de una discusión sobre los estilos artísticos, conlleva un cambio ideológico y de fines utilitarios en el arte.
Siqueiros pertenece a la generación del muralismo, estilo artístico usado durante el periodo de José Vasconcelos como secretario de Educación como una herramienta didáctica para “enseñar” historia al pueblo, también tenía un alto componente político pues era muy común encontrar detalles marxistas en sus imágenes (Giraudo; 2008). Por su parte, Cuevas y los suyos tienden a un arte abstracto, muy alejado de una connotación nacionalista y mucho menos política y revolucionaria; su lectura social está más enfocada al individualismo y a la sensualidad y alejado de la idea de educar a los pueblos a través del arte (http://letraslibres.com/pdf/5538.pdf).
Sirva este ejemplo para corroborar que el arte es más que una expresión estética y un asunto humanístico. Está inserto en un complejo entramado social del cual es partícipe y sin duda configura mundo y sociedad, junto con otros actores de lo social.
Bibliografía
Acha, Juan (1979). Arte y Sociedad: Latinoamérica, el sistema de producción. México. FCE.
Bain, Alison (2005). “Constructing an artistic identity”. En Work, Employment and Society. V. 19. SAGE, Londres.
Baudrillard, Jean (1977). Crítica de la economía política del signo. México, Siglo XXI.
(1985) El sistema de los objetos. México, Siglo XXI
(2006) El complot del arte. Buenos Aires, Amorrortu.
Becker, Howard S. (1963). Outsiders. Studies in Sociology of Deviance. Nueva York, Macmillan.
(1982) Art Worlds. Los Angeles. University of California.
Bourdieu, Pierre (1995) Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona, Anagrama.
(2003) La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. México, Taurus.
Bourdieu, Pierre y Darbel, Alain (2003). El amor al arte. Los museos europeos y su público. Barcelona, Paidós.
Cuevas, José Luis (1999). “El mural efímero”. En Revista Letras Libres. Febrero, 1999. Recuperado en http://letraslibres.com/pdf/5538.pdf el 11 de noviembre de 2010.
De la Fuente, Eduardo (2007) “The New ‘Sociology of Art’: Putting Art Back into Social Science Approaches to the Art”. Cultural Sociology. Vol. I(3). P 409-425
DeNora, Tia. (2000). Music and everyday life. Nueva York, Cambridge.
(2003). After Adorno: Rethinking Music Sociology. Cambridge and New York: Cambridge University Press.
Duvignaud, Jean (1988) Sociología del arte. Barcelona, Península.
Fernández Arenas, José (1986). Teoría y metodología de la historia del arte. Barcelona, Anthropos.
Francastel, Pierre (1975). Sociología del arte. Madrid, Emecé.
García Canclini, Néstor (1987). Políticas culturales en América Latina. Grijalbo. México
(2001). La producción simbólica. Teoría y método en sociología del arte. México, Siglo XXI.
Gielen, Pascal. (2005) “Art and Social Value Regimes”. En Current Sociology. V. 53, Septiembre. Sage, Londres.
Giraudo, Laura (2008). Anular las distancias. Los gobiernos posrevolucionarios en México y la transformación cultural de indios y campesinos. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
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Kavolis, Vitautas. (1968) La expresión artística: un estudio sociológico. Buenos Aires, Amorrortu.
Nietzsche, Friederich (2001) Estética y teoría de las artes. Madrid, Tecnos.
Varios. (1983) El nacionalismo y el arte mexicano. México, UNAM. Memoria del Noveno Coloquio de Historia del Arte
[1] De este autor hay que destacar Filosofía de la Nueva Música (2003), Teoría estética (1970) y la introducción a la Sociología de la Música (1976).
[2] Cfr. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Ítaca, 2003).
[3] Además de la citada obra, habría que destacar sus aportaciones en El amor al arte (1969) y Las reglas del arte (1992).
[4] Mediante este concepto, Bourdieu divide al conjunto social en diversos campos de acción –económico, político, intelectual, científico, artístico, religioso, educativo y otros— que “funcionan con un grado considerable de autonomía”, misma que surge ante la capacidad de estos campos de acción de generar distinciones bien diferenciadas entre los distintos grupos sociales. (Bourdieu, 2003: 169).
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