Comparto este texto sobre el nuevo mercado de la música. Espero les guste...
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jueves, 13 de enero de 2011
viernes, 12 de noviembre de 2010
¿Por qué la sociología se ocupa del arte?
Tradicionalmente, la disciplina que se ha ocupado del estudio del arte ha sido la filosofía, produciendo tratados sobre estética. Desde los antiguos griegos, los filósofos se han ocupado de la producción artística en cuanto a su virtud estética y espiritual. Platón hacía referencia al arte como imitación de la Naturaleza; Aristóteles lo consideraba un reflejo de la vida humana. Ya en la modernidad, importantes filósofos como Kant, Hegel, Nietzsche o Gadamer contribuyen con importantes teorías sobre estética. Sin embargo, la filosofía, o para ser más puntual la estética, se había concentrado en mirar al arte desde la obra, excluyendo a los propios actores participantes del arte –autor y espectador- del proceso.
Otra disciplina que se ha encargado del estudio del arte ha sido la llamada historia del arte, que tiene un origen conjunto entre los estudios estéticos de la filosofía y la propia historia. Producto de la Ilustración con Winckelmann, la historia del arte se fue convirtiendo con el paso del tiempo no solo en un recuento del pasado, sino también en teoría del arte. Recuperando los preceptos filosóficos, los trabajos biográficos de la época pre ilustrada, la historia del arte post hegeliana explora en otros ámbitos del conocimiento para apoyar sus indagaciones artísticas. La psicología, el psicoanálisis y la sociología se han convertido sin duda alguna en los grandes soportes contemporáneos de la historia del arte. Fue así como también la sociología entró a la discusión, enfocándolo desde otra perspectiva.
La pertinencia del estudio sociológico del arte reside en su orientación, dado que será relevante en cuanto a su valor como elemento constitutivo de lo social, como dijimos ya anteriormente. Esto es muy distinto al punto de vista filosófico-estético, entendida ésta como enfoques de lo bello humano, encargándose de asuntos como la composición, la estructura, la técnica o el impacto emotivo de las obras de arte. Asimismo, se distingue de la historia del arte en cuanto a que no nos interesa conocer la producción, estilo, técnica y otras cuestiones sobre el arte precedente, ni tampoco la producción teórico-ideológica detrás de la producción actual del arte. Al sociólogo no le preocupa la obra per se, sino lo que en sí se hace con la obra; no se trata de estudiar lo estético sino lo artístico. Tampoco es interés de la sociología los rasgos estilísticos del ahora y del ayer, no interesa comprender la obra, sino insertarla en un sistema social del cual forma parte y es un agente que provoca reacciones sociales.
El estudio sociológico del arte se ha realizado desde diversos enfoques teóricos; Néstor García Canclini, (2001: 18) distingue cinco en particular: la llamada sociología del espíritu, el empirismo o funcionalismo, la sociología marxista, el interaccionismo simbólico y la sociología estructural. A continuación describiremos brevemente cada una de estas corrientes.
En la corriente llamada sociología del espíritu, García Canclini considera a autores como Georges Gurvitch y Jean Duvignaud. De este último, en su obra Sociología del arte (1988), se puede destacar su rechazo a una idea de evolucionismo en el arte, el alejamiento de un ideal objetivo del arte, además de una concepción del artista y de la obra como agentes sociales activos, no como objeto contemplativo o dote de genialidad.
La segunda corriente que menciona García Canclini es el empirismo, en la cual ubica a autores como Vitautas Kavolis y Robert Escarpit. Aquí destacaremos algunas luces del trabajo del primero. En La Producción Artística (1970), Kavolis introduce al arte dentro de un sistema social, por lo que lo considera en estrecha relación con los subsistemas económico y político, así como el sistema de clasificación social como determinante del estilo artístico correspondiente. Asimismo, inserta al arte dentro de un sistema cultural, donde interactúa con otros elementos sociales que contribuyen en su formación, como puede ser la religión.
En cuanto al marxismo y su estudio del arte, habría que aclarar que dentro de esta gran corriente podemos ubicar múltiples enfoques. Quizá el más sobresaliente de ellos sea el de la escuela de Frankfurt, donde destacan personajes como Theodor W. Adorno[1] y Walter Benjamin[2]. En general, la escuela considera al arte como un componente de la superestructura, donde cabe el componente ideológico y la opción de transformar la expresión artística en un producto más de la industria de la cultura. Mención aparte merece el italiano Antonio Gramsci (2001), quien considera al arte en una dualidad; en principio de cuentas, está de acuerdo con la visión del arte como discurso hegemónico, pero considera también que éste puede constituirse en un discurso alterno para empoderar a la sociedad civil. Este enfoque tiene un fuerte impacto en el análisis sociopolítico del arte y permite reflexiones muy agudas al respecto.
De todas las escuelas, hemos dejado al último las dos que han mantenido fuerte vigencia en nuestros tiempos: la visión estructural bourdieana a partir de La Distinción[3]; y el interaccionismo simbólico representado por Howard S. Becker y su Art Worlds (de la Fuente, 2007). Sobre Bourdieu y sus aportaciones a la sociología del arte, habría que destacar la adscripción de éste a un campo de acción[4] autónomo que se correlaciona con las estructuras sociales. Particularmente, La Distinción, Bourdieu establece la correlación entre el estilo y la idea de belleza con las “condiciones de existencia” o condición de clase social entendido coloquialmente. Los aportes de Bourdieu son amplios, pues dota de acción y autonomía y le agrega sentido a partir del status que es capaz de conferir.
Sobre el interaccionismo simbólico y el trabajo de Howard S. Becker, el gran aporte de Art Worlds (1982) se encuentra en trabajar más allá de conceder poder de acción social al artista y a la obra, sino también en revisar las redes de trabajo y cooperación que subyacen en el trabajo artístico. De muchas formas se puede considerar su trabajo como antielitista, pues no es de su incumbencia la relación estilo-clase vista en Bourdieu o en los estudios marxistas. Becker pretende entender a mayor profundidad de lo que en términos generales todos conocemos como arte.
De la Fuente (2007) hace notar que de estas dos tendencias se han desprendido una serie de trabajos en sociología del arte que han rebasado algunos preceptos clásicos en este sentido, tales como la “tendencia a inflar el status e importancia del arte, la propensión a hacer afirmaciones vagas e imprecisas sobre la determinación social del arte y la representación artística de la realidad” (ídem, p. 410). Para este autor, estos últimos trabajos corresponden a una nueva tendencia que él llama “nueva sociología del arte” y que tiene características importantes como: a) la búsqueda de una especialización disciplinar, b) el fortalecimiento en su actuar interdisciplinario, c) la asignación del arte como actor y no objeto, d) una visión economicista del arte vista a través del consumo, y e) las redes sociales inmersas en la producción artística.
Como hemos visto en esta rápida revisión teórica sobre el estudio del arte, la sociología del arte se ha ocupado de diversos aspectos del mundo del arte. Bourdieu nos permite enfocarnos en el arte como un campo de acción propio que establece sus relaciones sociales muy particulares, como puede ser su valor como objeto de distinción. Esta visión se encontrará presente también en los trabajos de Jean Baudrillard en El Mundo de los Objetos (1968) y Crítica de la Economía política del signo (1972), donde el autor analiza el aspecto suntuario, ostentoso y de status que se asigna sobre los objetos únicos (piezas originales) y las colecciones. También se puede notar la influencia bourdieana en el trabajo sobre la Economía Política de la Música (1985) de Jacques Attali. En términos generales, esta tradición francesa ha enfocado sus baterías a la atención de los procesos económicos y políticos desprendidos de la circulación social de la obra de arte, sea ésta plástica o sonora. La influencia boudieana se hace patente también en el trabajo de John Hughson, The sociology of art: Ways of Seeing (2005), donde el concepto de “campo” es esencial para comprender el estudio de muy diversas producciones artísticas como la ópera, el ballet, el cine, o la world music.
Por su parte, la tradición emanada del interaccionismo simbólico dado por Howard S. Becker también ha contribuido notoriamente en el estudio social del arte con dos importantes consideraciones. En Art Worlds, Becker logra poner el énfasis en la construcción de redes sociales para la producción del arte; en Art From Start to Finish (2006) –obra en coautoría-, se muestra a la obra de arte como un actor más del proceso social del arte, y no como un mero objeto producto de la creación de un ser privilegiado como el artista. También podemos destacar la fuerte influencia del trabajo de Becker en estudios recientes, como los trabajos de Tia deNora sobre la teoría de Adorno (2003) y la construcción del “genio” en torno a Beethoven (1995).
Asimismo, consideramos importante destacar los principales aportes teóricos de origen latinoamericano a la visión de la sociología del arte, donde dos autores centran las más importantes aportaciones a esta disciplina científica. Por una parte, Néstor García Canclini, nos dice en La Producción Simbólica (1979) que la producción del arte latinoamericano se relaciona con el campo de acción que le compete, donde artista, obra, intermediario y espectador se interrelacionan entre sí para producir el arte como símbolo. De clara influencia bourdieana, este investigador argentino radicado en México desde los años ochenta, ha sido sin duda un importante baluarte para la consolidación de la sociología de la cultura y del arte en nuestro país.
Por su parte, Juan Acha en Arte y Sociedad: Latinoamérica el sistema de producción (1979), trata de establecer una distancia con las teorías espiritualistas e idealistas –emanadas del neoplatonismo hegeliano en términos estéticos- como ideas colonizadoras emanadas de Europa y Norteamérica, para centrarse en lo que él llama “el sistema de producción cultural” (p. 15). Esta visión de Acha considera diversos aspectos fundamentales en la producción artística como el trabajo artístico, su relación con otros campos del sistema cultural –tecnología, ciencia, etc.-, su relación con la distribución y el consumo del arte y la innovación, por citar los aspectos a nuestro criterio resultan más relevantes en este texto.
La lista de trabajos y autores en sociología del arte es muy amplia y llevaría escribir todo un libro para solo hacer un recuento de todo lo que interrelaciona a la sociología y al arte. Cerramos este texto mencionando en la importancia del análisis sociológico del arte a partir de un pequeño ejemplo. Tomemos como referencia el distanciamiento y pleito público entre David Alfaro Siqueiros y José Luis Cuevas cuando éste último lanzó la llamada “generación de la ruptura” en México. Desde la sociología, esta diferencia esgrimida en el mundo del arte y que en apariencia se trata de una discusión sobre los estilos artísticos, conlleva un cambio ideológico y de fines utilitarios en el arte.
Siqueiros pertenece a la generación del muralismo, estilo artístico usado durante el periodo de José Vasconcelos como secretario de Educación como una herramienta didáctica para “enseñar” historia al pueblo, también tenía un alto componente político pues era muy común encontrar detalles marxistas en sus imágenes (Giraudo; 2008). Por su parte, Cuevas y los suyos tienden a un arte abstracto, muy alejado de una connotación nacionalista y mucho menos política y revolucionaria; su lectura social está más enfocada al individualismo y a la sensualidad y alejado de la idea de educar a los pueblos a través del arte (http://letraslibres.com/pdf/5538.pdf).
Sirva este ejemplo para corroborar que el arte es más que una expresión estética y un asunto humanístico. Está inserto en un complejo entramado social del cual es partícipe y sin duda configura mundo y sociedad, junto con otros actores de lo social.
Bibliografía
Acha, Juan (1979). Arte y Sociedad: Latinoamérica, el sistema de producción. México. FCE.
Bain, Alison (2005). “Constructing an artistic identity”. En Work, Employment and Society. V. 19. SAGE, Londres.
Baudrillard, Jean (1977). Crítica de la economía política del signo. México, Siglo XXI.
(1985) El sistema de los objetos. México, Siglo XXI
(2006) El complot del arte. Buenos Aires, Amorrortu.
Becker, Howard S. (1963). Outsiders. Studies in Sociology of Deviance. Nueva York, Macmillan.
(1982) Art Worlds. Los Angeles. University of California.
Bourdieu, Pierre (1995) Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona, Anagrama.
(2003) La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. México, Taurus.
Bourdieu, Pierre y Darbel, Alain (2003). El amor al arte. Los museos europeos y su público. Barcelona, Paidós.
Cuevas, José Luis (1999). “El mural efímero”. En Revista Letras Libres. Febrero, 1999. Recuperado en http://letraslibres.com/pdf/5538.pdf el 11 de noviembre de 2010.
De la Fuente, Eduardo (2007) “The New ‘Sociology of Art’: Putting Art Back into Social Science Approaches to the Art”. Cultural Sociology. Vol. I(3). P 409-425
DeNora, Tia. (2000). Music and everyday life. Nueva York, Cambridge.
(2003). After Adorno: Rethinking Music Sociology. Cambridge and New York: Cambridge University Press.
Duvignaud, Jean (1988) Sociología del arte. Barcelona, Península.
Fernández Arenas, José (1986). Teoría y metodología de la historia del arte. Barcelona, Anthropos.
Francastel, Pierre (1975). Sociología del arte. Madrid, Emecé.
García Canclini, Néstor (1987). Políticas culturales en América Latina. Grijalbo. México
(2001). La producción simbólica. Teoría y método en sociología del arte. México, Siglo XXI.
Gielen, Pascal. (2005) “Art and Social Value Regimes”. En Current Sociology. V. 53, Septiembre. Sage, Londres.
Giraudo, Laura (2008). Anular las distancias. Los gobiernos posrevolucionarios en México y la transformación cultural de indios y campesinos. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
Golvano, Fernando (1994) “Redes, campos y mediaciones: una aproximación sociológica al arte contemporáneo”. En Reis. No. 84.
Hegel, G.W.F. (2005). Lecciones de Estética. México, Ed. Coyoacán.
Inglis, David y Hughson, John (2005). The sociology of art: ways of seeing. Nueva York, Palgrave-Macmillan.
Kavolis, Vitautas. (1968) La expresión artística: un estudio sociológico. Buenos Aires, Amorrortu.
Nietzsche, Friederich (2001) Estética y teoría de las artes. Madrid, Tecnos.
Varios. (1983) El nacionalismo y el arte mexicano. México, UNAM. Memoria del Noveno Coloquio de Historia del Arte
[1] De este autor hay que destacar Filosofía de la Nueva Música (2003), Teoría estética (1970) y la introducción a la Sociología de la Música (1976).
[2] Cfr. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Ítaca, 2003).
[3] Además de la citada obra, habría que destacar sus aportaciones en El amor al arte (1969) y Las reglas del arte (1992).
[4] Mediante este concepto, Bourdieu divide al conjunto social en diversos campos de acción –económico, político, intelectual, científico, artístico, religioso, educativo y otros— que “funcionan con un grado considerable de autonomía”, misma que surge ante la capacidad de estos campos de acción de generar distinciones bien diferenciadas entre los distintos grupos sociales. (Bourdieu, 2003: 169).
jueves, 14 de octubre de 2010
Redes sociales: ¿una moda más del imperio de lo efímero?
Reconozco que este blog ha sufrido un severo abandono en los últimos años (sí, los meses ya se volvieron años, qué horror). En función de ello me permito retomarlo para realizar un ejercicio de reflexión en torno a la pertinencia del mismo. ¿Sigue siendo mi blog importante? De serlo, ¿por qué lo tengo tan abandonado? Hagamos pues un breve ejercicio de colocar al blogero en el diván y analizar qué es lo que está sucediendo con ello.
La salida fácil sería el tiempo. Sí, últimamente he andado muy ocupado como para tomarme unos minutos eventuales e ingresar al sitio para colocar nuevas cosas. Pero si hago un ejercicio más profundo de conciencia, encontraré que no ha sido así. La realidad es que el tiempo que paso en Internet se va entre consultas de datos, revisión de correo electrónico y.... FACEBOOK!!!!
Sí, la respuesta es que mi blog ha sido arrumbado al más recóndito rincón del ciberespacio por el tiempo invertido en esta llamada "red social". Acto seguido cabe la pregunta del porqué una cosa en lugar de la otra. Parece que la respuesta es obvia: los blogs ya no están "de moda" y ahora lo "inn" y lo "padre" está en Facebook. Pero no, la verdad es que ya Facebook tampoco es la neta de la Inter-neta; pues ahora lo chido es ser "twitero" y colocar pequeños telegramas a la vista de todos tus contactos. En mi caso, confieso que he entrado con mucha lentitud a Twitter, pues aún siguen sucediendo muchas cosas en Fb como para destinarle más tiempo al ocio cibernético en otra red.
Ahora bien, me parece importante no caer en el lugar común, en el pensamiento automático, de etiquetar a los sitios sociales de Internet con la etiqueta de "modas". Más relevante será hacer algo de x-égesis sobre esta idea. En particular, retomaré dos autores para ello.
En primer lugar, quiero recuperar algunas de las ideas de Gilles Lipovetsky en "El imperio de lo efímero", donde se realiza un interesante análisis sobre las modas en la pos modernidad, de las cuales cabe destacar que no son meros entes estéticos y banales como regularmente se piensa, sino que representan una buena forma de generar "superdiferenciación social". Esto es, no me visto así solo para verme bien, sino para verme de una forma muy particular, muy "mía". En segundo lugar, he revisado la literatura de Manuel Castells sobre la revolución cibernética de nuestros tiempos que nos lleva a esta "sociedad en red". Este autor enfatiza en la tensión social que emana de las tecnologías de información de nuestra era entre la interconexión homogeneizadora de la globalización y el polo opuesto de la individualización a través de temas específicos y excluyentes como pueden ser el terrorismo o el nacionalismo.
Si tratamos de conjuntar ambas ideas, encontramos que la lectura de las redes sociales como moda sería muy superficial. Si bien es cierto que ya son muy pocos los que recuerdan hi5 y que ahora cada vez son más los que pasan más tiempo en Twitter y desde ahí alimentan su Facebook, la realidad es que las redes son más que un pasatiempo efímero; son vehículos cibernéticos que nos permiten reafirmar nuestra individualidad y mostrarla y confrontarla con nuestros pares.
Nodos de la red totalizadora, sitios como los blogs, Fb y Tw permiten también solidificar quién es uno mismo. Además, estas mismas redes adquieren sentidos distintos en esta misma proyección. El carácter ensayístico y extenso del blog nada tiene que ver con la idea pronta, inmediata y telegráfica proyectada a través de Twitter, o bien la expresión completamente gráfica del Flickr. Tal vez mañana alguien diseñe una red más interesante o completa que cualquiera de las "de moda", pero las redes y sus capacidades llegaron para quedarse.
La salida fácil sería el tiempo. Sí, últimamente he andado muy ocupado como para tomarme unos minutos eventuales e ingresar al sitio para colocar nuevas cosas. Pero si hago un ejercicio más profundo de conciencia, encontraré que no ha sido así. La realidad es que el tiempo que paso en Internet se va entre consultas de datos, revisión de correo electrónico y.... FACEBOOK!!!!
Sí, la respuesta es que mi blog ha sido arrumbado al más recóndito rincón del ciberespacio por el tiempo invertido en esta llamada "red social". Acto seguido cabe la pregunta del porqué una cosa en lugar de la otra. Parece que la respuesta es obvia: los blogs ya no están "de moda" y ahora lo "inn" y lo "padre" está en Facebook. Pero no, la verdad es que ya Facebook tampoco es la neta de la Inter-neta; pues ahora lo chido es ser "twitero" y colocar pequeños telegramas a la vista de todos tus contactos. En mi caso, confieso que he entrado con mucha lentitud a Twitter, pues aún siguen sucediendo muchas cosas en Fb como para destinarle más tiempo al ocio cibernético en otra red.Ahora bien, me parece importante no caer en el lugar común, en el pensamiento automático, de etiquetar a los sitios sociales de Internet con la etiqueta de "modas". Más relevante será hacer algo de x-égesis sobre esta idea. En particular, retomaré dos autores para ello.
En primer lugar, quiero recuperar algunas de las ideas de Gilles Lipovetsky en "El imperio de lo efímero", donde se realiza un interesante análisis sobre las modas en la pos modernidad, de las cuales cabe destacar que no son meros entes estéticos y banales como regularmente se piensa, sino que representan una buena forma de generar "superdiferenciación social". Esto es, no me visto así solo para verme bien, sino para verme de una forma muy particular, muy "mía". En segundo lugar, he revisado la literatura de Manuel Castells sobre la revolución cibernética de nuestros tiempos que nos lleva a esta "sociedad en red". Este autor enfatiza en la tensión social que emana de las tecnologías de información de nuestra era entre la interconexión homogeneizadora de la globalización y el polo opuesto de la individualización a través de temas específicos y excluyentes como pueden ser el terrorismo o el nacionalismo.
Si tratamos de conjuntar ambas ideas, encontramos que la lectura de las redes sociales como moda sería muy superficial. Si bien es cierto que ya son muy pocos los que recuerdan hi5 y que ahora cada vez son más los que pasan más tiempo en Twitter y desde ahí alimentan su Facebook, la realidad es que las redes son más que un pasatiempo efímero; son vehículos cibernéticos que nos permiten reafirmar nuestra individualidad y mostrarla y confrontarla con nuestros pares.
Nodos de la red totalizadora, sitios como los blogs, Fb y Tw permiten también solidificar quién es uno mismo. Además, estas mismas redes adquieren sentidos distintos en esta misma proyección. El carácter ensayístico y extenso del blog nada tiene que ver con la idea pronta, inmediata y telegráfica proyectada a través de Twitter, o bien la expresión completamente gráfica del Flickr. Tal vez mañana alguien diseñe una red más interesante o completa que cualquiera de las "de moda", pero las redes y sus capacidades llegaron para quedarse.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Las bandas de la década
A este enredoso y complicado 2009 le quedan escasos 15 días de vida, y con el año también morirá la primera década del tercer milenio. En un abrir y cerrar de ojos se han ido diez años después de aquellos meses en que todos los corporativos veían venir aquel Finis Terra cibernético donde el doble cero borraría toda la información de sus computadoras. Luego sucedieron eventos que marcaron la historia: la alternancia política en México, la caída de las Torres Gemelas, el euro como nueva moneda trasnacional, el auge de las izquierdas en América Latina, el efecto Obama, por citar algunas.
El recuento de datos históricos es obligado, pero no sólo en téminos político-económicos. Como espacio artístico-melomaniaco que ha sido este blog, nos damos a la tarea de hacer un Top 10 de las bandas de rock que, a juicio muy personal, tendrán que pasar a la historia como iconos culturales de esta década. Me disculpo por anticipado por las omisiones que a ojos de algunos lectores seguramente tendrá este espacio; sólo recuerdo que estos recuentos siempre incurren en desatinos, sea quien sea el autor de los mismos. Vayamos al tema, pues.
9. The Killers

Dos de los discos más representativos en el rock de la década son producto de los Killers: Hot Fuss y Sam's Town. Si bien el éxito comercial es inmediato, es innegable la importancia dentro de esta generación de bandas indie del primer lustro de nuestro decenio de análisis.
8. Franz Ferdinand
Todo está muy bien pensado en esta multipremiada banda escocesa; comenzando por el nombre, tomado directamente del archiduque austríaco cuyo asesinato desató la Primera Guerra Mundial. "Take Me Out" es, sin lugar a dudas, un tema himno de esta década. Importante agregar que es una banda que cuida mucho toda su estética, incluyendo arte de los discos y videoclips.
7. Interpol
Otra banda emblemática del indie de principio de década, los neoyorkinos se caracterizan por mantener un estilo muy conciso en sus composiciones. Sobre un par de riffs versan sus canciones, pero esos fraseos melódicos, aún siendo "pocos", son muy peculiares. Aun cuando sea una novedad para nuestros oídos, uno sabe cuando está escuchando Interpol. Turn On the Bright Lights y Antics son dos discos a considerar.
6. The White Stripes
De este dúo procedente de Detroit, se pueden decir muchas cosas en su favor. Que si "Seven Nation Army" es un himno, o la gran estética que construyen en toda su imagen y concepto (ambas cosas se han dicho ya de otras bandas). La gran importancia de esta banda se simplifica a una sola premisa: Jack White es un icono de la década PUNTO
5. Arctic Monkeys
Desde Sheffield nos llega una banda que revolucionó el mercado al lograr salir del anonimato con un sitema de promoción basada totalmente en Internet: descargas gratuitas y foros de participación de los fans por primera vez como sustento de una popularidad, aún siendo una banda de sonido muy crudo y líricas muy políticas. "I Bet You Look Good on The Dance Floor" es una rolototota.
4. The Libertines
Los sesenta tuvieron a Jim Morrison; los setenta a Sid Vicious; los noventa a Kurt Cobain. Omitimos los ochenta, pues a título personal, no considero que haya un gran héroe hedonista, basado en los excesos, de dicha década. Ese lugar le corresponde en la de los dos mil a Pete Doherty. Su adicción a las drogas duras fue la razón de que sólo pudieran dar un álbum, el Up The Bracket. ¿One hit wonder? La historia personal de Doherty basta para negarlo rotundamente.
3. Yeah Yeah Yeahs

Si a Doherty le toca el papel dionisiaco, a Karen O hay que darle su lugar como la roquera de la década. Recalco: la roquera. Sus extravagantes vestuarios son diseños de Christian Joy, a quien conoció en la escuela de artes. No solo es la imagen del grupo; es sin objeto a discusión, la imagen de la mujer roquera del nuevo milenio. Fever to Tell y Show Your Bones son dos discos fuera de serie.
2. The Strokes
Para muchos, los Strokes hicieron el álbum de la década: Is This It, con temas como "Soma", "Last Nite" y "Hard to Explain". Compartimos la opinión, pues es un disco muy consistente, como ya casi no se dan en estos tiempos. Su segunda entrega, Room On Fire también trasciende nada más porque ahí viene "Reptilia", un tremendo rolononón de estos neoyorkinos.
Se obliga la pregunta: ¿por qué estos ingleses en el número uno? Tienen todo lo que se le puede pedir a una banda de rock. Son excelentes compositores; tienen fuertes influencias del rock progresivo. Muy buenos letristas; así como entregan odas al amor, tras de ello se encuentran temas políticos. Discos importantes; dos, Absolution y Black Holes and Revelations, son de Top Five de la década. Rolotototas; también las hay: "Starlight", "Absolution", "Plug In Baby". Impacto social; son activistas de la lucha contra el cáncer infantil. Intelectuales; también, recibieron un Doctorado Honoris Causa en Artes por la Universidad de Plymouth. Imagen; ¡¡claro!! Sus conciertos son realmente espectaculares; basta mirar el concierto de Wembley disponible en DVD en la edición especial del disco en vivo llamado Haarp (consulte la barra de video del presente blog). Comercializables, seguro; han dado ventas millonarias con cinco discos. ¿Qué más les puede uno pedir?
El recuento de datos históricos es obligado, pero no sólo en téminos político-económicos. Como espacio artístico-melomaniaco que ha sido este blog, nos damos a la tarea de hacer un Top 10 de las bandas de rock que, a juicio muy personal, tendrán que pasar a la historia como iconos culturales de esta década. Me disculpo por anticipado por las omisiones que a ojos de algunos lectores seguramente tendrá este espacio; sólo recuerdo que estos recuentos siempre incurren en desatinos, sea quien sea el autor de los mismos. Vayamos al tema, pues.
Si bien esta banda de origen sueco tuvo sus orígenes (como muchas de la lista) en las postrimerías del siglo pasado, fue con Veni Vidi Vicious, disco lanzado en el año 2000, cuando el mundo los conoció. Temas como "Hate To Say I Told You So" y "Main Offender" tienen un lugar muy especial en el gran boom del llamado rock indie de los primeros años de este siglo. Los suecos merecen un lugar en estas listas, sin duda.

Dos de los discos más representativos en el rock de la década son producto de los Killers: Hot Fuss y Sam's Town. Si bien el éxito comercial es inmediato, es innegable la importancia dentro de esta generación de bandas indie del primer lustro de nuestro decenio de análisis.
8. Franz Ferdinand
Todo está muy bien pensado en esta multipremiada banda escocesa; comenzando por el nombre, tomado directamente del archiduque austríaco cuyo asesinato desató la Primera Guerra Mundial. "Take Me Out" es, sin lugar a dudas, un tema himno de esta década. Importante agregar que es una banda que cuida mucho toda su estética, incluyendo arte de los discos y videoclips.
7. InterpolOtra banda emblemática del indie de principio de década, los neoyorkinos se caracterizan por mantener un estilo muy conciso en sus composiciones. Sobre un par de riffs versan sus canciones, pero esos fraseos melódicos, aún siendo "pocos", son muy peculiares. Aun cuando sea una novedad para nuestros oídos, uno sabe cuando está escuchando Interpol. Turn On the Bright Lights y Antics son dos discos a considerar.
6. The White StripesDe este dúo procedente de Detroit, se pueden decir muchas cosas en su favor. Que si "Seven Nation Army" es un himno, o la gran estética que construyen en toda su imagen y concepto (ambas cosas se han dicho ya de otras bandas). La gran importancia de esta banda se simplifica a una sola premisa: Jack White es un icono de la década PUNTO
5. Arctic MonkeysDesde Sheffield nos llega una banda que revolucionó el mercado al lograr salir del anonimato con un sitema de promoción basada totalmente en Internet: descargas gratuitas y foros de participación de los fans por primera vez como sustento de una popularidad, aún siendo una banda de sonido muy crudo y líricas muy políticas. "I Bet You Look Good on The Dance Floor" es una rolototota.
4. The LibertinesLos sesenta tuvieron a Jim Morrison; los setenta a Sid Vicious; los noventa a Kurt Cobain. Omitimos los ochenta, pues a título personal, no considero que haya un gran héroe hedonista, basado en los excesos, de dicha década. Ese lugar le corresponde en la de los dos mil a Pete Doherty. Su adicción a las drogas duras fue la razón de que sólo pudieran dar un álbum, el Up The Bracket. ¿One hit wonder? La historia personal de Doherty basta para negarlo rotundamente.
3. Yeah Yeah Yeahs

Si a Doherty le toca el papel dionisiaco, a Karen O hay que darle su lugar como la roquera de la década. Recalco: la roquera. Sus extravagantes vestuarios son diseños de Christian Joy, a quien conoció en la escuela de artes. No solo es la imagen del grupo; es sin objeto a discusión, la imagen de la mujer roquera del nuevo milenio. Fever to Tell y Show Your Bones son dos discos fuera de serie.
2. The StrokesPara muchos, los Strokes hicieron el álbum de la década: Is This It, con temas como "Soma", "Last Nite" y "Hard to Explain". Compartimos la opinión, pues es un disco muy consistente, como ya casi no se dan en estos tiempos. Su segunda entrega, Room On Fire también trasciende nada más porque ahí viene "Reptilia", un tremendo rolononón de estos neoyorkinos.
1. Muse
Se obliga la pregunta: ¿por qué estos ingleses en el número uno? Tienen todo lo que se le puede pedir a una banda de rock. Son excelentes compositores; tienen fuertes influencias del rock progresivo. Muy buenos letristas; así como entregan odas al amor, tras de ello se encuentran temas políticos. Discos importantes; dos, Absolution y Black Holes and Revelations, son de Top Five de la década. Rolotototas; también las hay: "Starlight", "Absolution", "Plug In Baby". Impacto social; son activistas de la lucha contra el cáncer infantil. Intelectuales; también, recibieron un Doctorado Honoris Causa en Artes por la Universidad de Plymouth. Imagen; ¡¡claro!! Sus conciertos son realmente espectaculares; basta mirar el concierto de Wembley disponible en DVD en la edición especial del disco en vivo llamado Haarp (consulte la barra de video del presente blog). Comercializables, seguro; han dado ventas millonarias con cinco discos. ¿Qué más les puede uno pedir?
lunes, 30 de noviembre de 2009
Más sobre el arte y sus recovecos
Para Gaby, David y, en especial, a Leonardo... e Ivonne
He dicho del arte, espejo anapsíquico de pliegues y des-pliegues, de su potencial creador y de lo que lo hace ser lo que es. Más allá de su esencia y su capacidad visualizadora, ahora quiero explorar otra parte esencial del mismo, que de alguna forma estuvo presente en mis cibercharlas de esta noche y que, como corolario a las mismas, es ampliamente justo aludirlo en este espacio.
El arte nació de la tragedia. Esta pequeña oración, de claro origen nietzschiano, nos ocupará unas líneas. Porque así como a Ulises se le mostró la vida nuevamente cuando vio Ítaca tras su largo regreso, así como Dante miró el Paraíso con mayor fulgor después de cruzar los inframundos, es así como el arte que emana de la tragedia se nos postra irremediablemente a los que, cual Ave Fénix, nos hemos encontrado con unas cuantas cenizas de nosotros mismos y hemos tenido que hallar el arte dentro de las mismas.
¡¡Benditos aquéllos que se redimen en un verso!!
¡¡Bienaventurados los que saben que la metáfora no sana, pero permite vivir!!
¡¡Dichosos los que suturan el alma con aliteraciones, pues mundos nuevos siempre les serán desvelados!!!
¡¡Redimánse, amigos míos!! Encuentren en sus propias artes los pliegues de la melancolía, donde yacen los placeres y goces ocultos para aquéllos que no han tenido la fortuna de volverse a inventar.
Anagnórisis y catarsis... Vivan los dos momentos del arte... después de ello, nada vuelve a ser igual.
Buscando el tuétano del arte
Con mucho cariño, para Gaby y Lorena
Diálogos. La sociedad humana se ha creado con base en ello. Platón lo reveló y nos mostró que el conocimiento humano, sea del tipo que sea, será capaz de rebasar siempre sus límites a partir de las frases que van y vienen, de las preguntas que yo sólo no soy capaz de resolver.
En ese espíritu platónico, me propongo a responder una pregunta hallada en un blog hermano (http://cronopianivolesca.blogspot.com/2009/11/que-hace-que-el-arte-sea-arte.html):
¿Qué hace al arte ser arte?
La pregunta ha sido contestada en el citado sitio desde Chagall, Cortázar, Nietzsche, Borges y Flaubert. Después de tan fuertes nombres, cualquiera pensaría en abstenerse a responder la pregunta, pues el talento de estos artistas basta para saber que lo dicen desde un profundo e intenso lugar de sí mismos, ese que los obligó a volverse artistas.
Contestaré desde un lugar muy borgiano, aunque ya haya sido citado: EL ESPEJO, el arte es un espejo del alma. A través de las obras que no proceden de la razón, sino de la imaginación, se dan una serie de autoreconocimientos en los dos actores que se reflejan en una obra, el autor y el espectador.
Complemento el espejo borgiano con el concepto de "obra viva" de Kandinsky. El arte es un espejo vivo que cumple con la función de hacer reflejar aquello que tanto el autor como el espectador requieren que sea mostrado con respecto a su alma, además, en el preciso instante en que ello se requiere. Reflejo anapsíquico (no puede ser anamórfico, pues no trabaja con el cuerpo, sino con el alma), la expresión artística permite explorar en el juego de pliegues y des-pliegues, de esos que le gustan a Deleuze y Barthes. El alma muestra así los recovecos que de otra manera se mantendrían velados e indescifrables para el mundo y para nosotros mismos.
Espejo vivo, fabricante de mundos alternos, el arte nos es esencial para el autoconocimiento, tanto a nivel individual como colectivo. Por eso, Velázquez nos mira atentamente al crear el cuadro; no porque nos pinte a nosotros suplantando a los reyes en el espejo, sino porque mira en los reyes y en nosotros aquéllo que no ha podido mirar antes en sí mismo. El artista se mira al espejo cuando la obra nace.
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